Mercantilización del montañismo o cómo acabar con prácticas populares

El montañismo, esa actividad que va mucho más allá de la mera práctica deportiva, puede recibir un duro golpe bajo la aplicación de la Ley de la Actividad Física y el Deporte aprobada en el Parlamento Vasco en 2023
Montañeros durante una excursión en montaña en Euskadi ante el debate sobre la mercantilización del montañismo
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ZUK.eus

Muchas veces se me ha pasado por la cabeza la misma reflexión estando en la montaña. La sensación de libertad, de encontrarme en un espacio no mercantilizado (si se quiere, con la excepción del material necesario para la actividad) y de disfrutar una práctica que escapa en gran medida de la lógica capitalista. Siendo la acumulación constante de capital el motor del capitalismo, los elementos más «listillos» de este sistema (en demasiadas ocasiones catalogados como “emprendedores”) no dejan de maquinar para sacar rendimiento económico de todas las situaciones, necesidades, deseos, actividades y relaciones posibles. En este proceso de mercantilización del mundo y de las relaciones sociales, es imprescindible pasar por encima de lo comunal y por encima de aquellas prácticas populares que supongan una barrera a los intereses privados, por muy enraizadas que estén. En ese atropello deliberado, la legislación burguesa es en muchos casos un instrumento imprescindible mediante el cual, desde las instituciones, con un argumento u otro, se nos imponen intereses no reconocidos de forma pública. En muchas ocasiones, además, pretenden que creamos que es por nuestro bien. Un ejemplo claro de este proceder regulatorio desproporcionado lo tenemos en las txosnas. Este patrimonio colectivo de Euskal Herria, basado en la militancia y en el trabajo voluntario de miles de simpatizantes, sigue sufriendo el acoso de la lógica burguesa. Hoy se impone el TicketBAI. Mañana, probablemente, exigirán que quien esté sirviendo en la barra tenga contrato, seguro y algún certificado de formación en restauración. La exagerada normativización y la burocratización son armas sutiles pero eficaces contra la organización popular.

 

Volviendo a la montaña, muchas veces he reflexionado sobre el lujo que supone disponer de tantos espacios naturales tan cerca, así como poder disfrutar de ellos sin pedir permiso ni tener que pagar. Ese pensamiento también va acompañado de una preocupación: si seguirá siendo así en el futuro. El carácter predador del capitalismo llegó hace tiempo a nuestros montes (los parques eólicos de los profetas del progreso, la modernidad y la competitividad son los ejemplos más evidentes en la actualidad…), y sigue teniendo una gran oportunidad de negocio…

 

Pero más allá del ámbito físico, la práctica ligada a la montaña, el montañismo mismo, puede ser la próxima víctima. El montañismo está muy arraigado en Euskal Herria, en la identidad vasca, en la cultura vasca. A veces practicado en solitario, pero la mayoría de las veces de forma colectiva: con la cuadrilla, pareja, familia, viejas amigas o nuevos conocidos, o con las y los miembros del club de montaña. Y es que los grupos o clubes de montaña han sido desde hace años un espacio de reunión para muchas personas. En el contexto de esa afición por la montaña, por el deporte y por la Ama Lurra, pero también por las relaciones sociales, miles de personas han aportado su tiempo, su ilusión y su conocimiento para mantener esta práctica y para transmitirla a las nuevas generaciones. Gracias a ese entusiasta trabajo sin ánimo de lucro han insuflado aire fresco en este ámbito colectivo ajeno a la mercantilización y la profesionalización. ¡Cuántas relaciones se han tejido a lo largo de los años en las conversaciones y vivencias compartidas en las excursiones de montaña!

 

El montañismo, esa actividad que va mucho más allá de la mera práctica deportiva, puede recibir un duro golpe bajo la aplicación de la Ley de la Actividad Física y el Deporte aprobada en el Parlamento Vasco en 2023. Algunas de las decisiones que, al amparo de esta ley, se empiezan a implementar en 2026 son muy preocupantes. En línea con el intento por profesionalizar todas las actividades deportivas, las excursiones de los clubes de montaña también van camino de quedar en manos de profesionales titulados. Aunque en la ley se contempla la figura del voluntariado, se limitará considerablemente su ámbito de actuación y, según la poca información que trasciende, tras un breve periodo de transición, se les negará la posibilidad de organizar salidas de montaña. La instrucción ya ha llegado a los clubes. Bajo el argumento de la seguridad, las salidas montañeras organizadas de forma voluntaria durante años irán desapareciendo. Quizá los paseos sencillos queden fuera de la aplicación, pero la conducción de muchas de las salidas que se desarrollan en la actualidad quedarán restringidas a personal técnico titulado. La propia razón de ser de los clubes de montaña se va a ver notablemente afectada y puede ocurrir que muchos clubes desaparezcan. Al igual que sucede en otras partes del mundo, dentro de unos años las empresas privadas pueden pasar a ser hegemónicas en las salidas de montaña organizadas. La formación de las y los técnicos de montaña es un recurso imprescindible para determinadas actividades y también para que, quien lo desee o necesite, les pueda contratar para actividades más sencillas. En la mayoría de los casos serán la mejor garantía. Asimismo, con el fin de aumentar la seguridad de todas las personas que practican montañismo, es necesario destinar más recursos a la formación de los y las aficionadas (para que sean responsables de su propia seguridad y de la de sus acompañantes). Sin embargo, detrás de la imposición de algunos elementos vinculados de forma más o menos explícita a la aplicación de la citada ley se percibe un intento por debilitar ese espacio popular y participativo de los grupos de montaña, lo cual respondería al propósito de profesionalizar dichas actividades y a determinados intereses privados. Parece ser que quienes están diseñando e implantando estos cambios han obviado el carácter voluntario y colectivo de los clubes de montaña o, lo que es peor, pretenden desmantelarlos conscientemente para llevar esas actividades populares a otro modelo.

 

La amenaza ha comenzado a materializarse pero se percibe un preocupante silencio en el mundo del montañismo, en los clubes, en las federaciones, entre las y los socios… ¿Desconocimiento? ¿Apatía? ¿Docilidad? ¿Resignación…?

 

Ante este atropello, ¿escucharemos irrintzis contestatarios en las montañas vascas? ¿o la cuesta arriba impuesta por la profesionalización y mercantilización del montañismo es esta vez demasiado dura…?

 

Iñaki Etaio. Mendizale

 

FOTOGRAFÍA: Iñaki Etaio

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