La revista National Geographic ha elegido a Laguardia como el pueblo más bonito al que viajar en enero, destacando su combinación de patrimonio histórico, enoturismo, gastronomía y paisaje invernal en pleno corazón de la Rioja Alavesa.
Los calados
En su reportaje, la publicación subraya que Laguardia es un lugar para recorrer “sin prisa”, especialmente en invierno, cuando el frío y la escarcha transforman los viñedos que rodean la villa y estimulan la sensación de calma en su casco histórico. Uno de los elementos más singulares que resalta el artículo es el entramado de más de 200 calados subterráneos de la localidad, una ciudad bajo tierra que recorre el subsuelo del pueblo y que, como bien saben sus vecinos, hace imposible la circulación de vehículos por el centro histórico.
National Geographic pone el acento en cómo los calados, utilizados tradicionalmente para la elaboración y conservación del vino, se convierten en invierno en refugios cálidos donde el aroma a roble y mosto envuelve al visitante, mientras en la superficie la gastronomía local gana protagonismo con platos contundentes y vinos con cuerpo.
El Ayuntamiento y la muralla
El reportaje también recorre el patrimonio monumental de Laguardia, desde su muralla medieval con cinco puertas hasta sus calles principales, el Ayuntamiento del siglo XVI y el reloj de carillón con los autómatas del Cachimorro y los dantzaris. Entre los puntos destacados se encuentra la Iglesia de Santa María de los Reyes, cuyo pórtico policromado es considerado uno de los mejor conservados de España y una joya del gótico.

Otro de los espacios que llama la atención de la revista es el estanque celtibérico, descubierto en 1998 bajo el subsuelo de la localidad y considerado el mayor de la Edad de Hierro en Europa, con una capacidad de hasta 300.000 litros. El artículo recuerda su posible uso ritual y su importancia para comprender los antiguos asentamientos de la zona.
Fuera del Casco urbano
La publicación invita también a salir del casco urbano para descubrir enclaves cercanos como el dolmen de la Chabola de la Hechicera, uno de los mejor conservados de Álava, así como a disfrutar de experiencias enoturísticas y culturales que combinan vino, literatura y arte contemporáneo en bodegas y espacios singulares del entorno.

FOTOGRAFÍA: Txus Díez


