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Sociedad
El Foro

Itziar Martínez de Luna eta Ion Etxabe

Hora de elegir: la bolsa o la vida
Hora de elegir: la bolsa o la vida

Dicen que contar verdades a medias es mentir y que , los hay, quienes utilizan la mentira para huir o no enfrentarse a situaciones desagradables, para extraer un beneficio económico o para obtener ventajas personales. También dicen que nos dejamos engañar para crear una sensación de bienestar y así no enfrentarnos a la realidad aunque sepamos que sólo es una sensación porque la realidad que tenemos y la que nos viene es y será muy cruda. Conocemos qué y quiénes nos han traído hasta esta crisis climática, a la crisis de biodiversidad y a la crisis humanitaria y aun así nos autoengañamos al querer creer que esos mismos, con ese mismo sistema, nos salvarán de lo que parece inevitable y que no nos atrevemos a afrontar.

 

Un cambio climático evidente, provocado en su mayor parte por la emisión de desorbitadas cantidades de CO2 a la atmósfera, que lejos de disminuir crecen al ritmo del PIB. Un modelo económico de crecimiento constante e ilimitado que es capaz de generar tanta sobreproducción como pobreza. “Un modelo que también nos da la solución bajo el nombre de transición, que es la ideología del capital en el siglo XXI. Ese que convierte el mal en cura, las industrias contaminantes en industrias ecológicas y la innovación en nuestro salvavidas”, tal y como nos cuenta Jean-Baptiste Fressoz en su libro Sin transición. Una nueva historia de la energía.

Bosques (madera), minas de carbón, carbón vegetal, petróleo, átomos nucleares (uranio), todos ellos recursos naturales que tras su trasformación en fuentes de energía alimentan a un sistema económico insaciable. Fuentes de energía que se han ido sumando a las nuevas, creando simbiosis y aumentado el consumo de cada una de ellas. Defensores de la energía atómica, recién estrenado el año 1970, tuvieron gran cobertura en los medios del momento difundiendo una situación de crisis energética e inventando la expresión de “transición energética”. Expresión que nos persigue 56 años después, bajo la cual se encuentran cómodas las grandes petroleras, las industrias mineras, las cementeras, las grandes empresas del oligopolio energético y los gobiernos. Gobiernos que bajo el discurso de la búsqueda de la soberanía energética son cómplices del mayor extractivismo de petróleo, de carbón y de madera. Todo ello está muy lejos de solventar la catástrofe climática, de frenar la devastación de la biodiversidad y la tragedia humanitaria.

 

Transición energética

Nos preguntamos por qué insistimos en llamarlo “transición energética” cuando es cuantificable y evidente que no transita a ningún otro lado, a ningún otro punto, a ninguna otra forma de hacer. Mientras tanto vemos que las emisiones de CO2 a la atmósfera, fieles al sistema, no dejan de crecer. Una no transición que tampoco es democrática ni justa y que además, no lo podrá ser mientras lo que se busque sea el beneficio económico. Iberdrola y su compromiso con el planeta, Repsol enciende una nueva era de energía y progreso, TotalEnergies embajador de su energía con sentido común, Endesa y sus medidas para alinear inversión y crecimiento sostenible; parques eólicos, huertos o plantas solares como Ekienea (con el 75% de Iberdrola), Solaria Eguzki sorkuntza y su defensa en su expansión acelerada, rápida y masiva que traduce como sostenible, agrovoltaica, etc. Nombres irónicos con proyectos desvergonzados ayudados de políticas perversas.

 

Políticos ambiciosos de poder y con ansia de crecer industrialmente pese a todo, muestran datos irrisorios de ocupación del territorio del conjunto de centrales fotovoltaicas, eólicas, almacenamiento de baterías, Torres de Alta Tensión, Tren de Alta Velocidad y demás megaproyectos en Euskal Herria. Datos sesgados y con perspectiva totalmente subjetiva e interesada que no coinciden en absoluto con la realidad estremecedora de Valles Alaveses, Llanada Alavesa, Aiara, Gorbeialdea o el pueblo de Labraza en Rioja Alavesa, entre otros. Para hacernos una idea de lo manipulable que pueden ser los datos estadísticos o de porcentajes, en relación a la Central Nuclear de Lemoiz, los políticos de entonces podrían haber dicho que la ocupación de territorio de ésta sólo suponía un 0,0016%. Dato insignificante. Aun así, la sociedad vasca del momento, se opuso rotundamente a su construcción porque la afección iba más allá de su estricta área de ocupación al igual que en la actualidad.

 

En este mes de septiembre el Gobierno Vasco anuncia que, tras acuerdo con el Gobierno de Madrid, contará con un 50% de capacidad adicional para el transporte eléctrico que gestiona Redeia para alcanzar los 18.000MW de potencia. Inversión millonaria a cuenta de las arcas públicas. A la vez, Mikel Jauregi, consejero de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad del Gobierno Vasco, declara que con esto quieren atraer a nuevos inversores, nuevos consumidores electro intensivos. Todo muy lejos de la búsqueda del ahorro energético. Nuevas industrias instaladas en Euskal Herria como “el superordenador cuántico” en Donostia y los Centros de Datos Hiperescala en Ribabellosa (Araba), resultan grandes demandantes de minerales críticos, energéticos e hídricos; construyen centrales fotovoltaicas y eólicas para alimentarse siempre que sople el viento y no se esconda el sol tras una nube. Como resultado de esto, se da más ocupación de territorio, de montes y acaparamiento de recursos limitados. Recursos que en momento de escasez terminarán inclinando la balanza a favor de estas industrias frente a la población.

 

Un crecimiento de gasto energético eléctrico y fósil que también demandará la ampliación del puerto de Bilbao, con más muelles y embarcaciones, que incrementará la llegada de buques, de contenedores, de mercancía, de cruceros y de equipos de refrigeración ansiosos de conectarse a la alimentación eléctrica que les facilitará el macro puerto de Bilbao. Una ampliación que traerá nuevas infraestructuras de carreteras, aumento de tránsito de tráilers, plataformas logísticas, viales, gasolineras y crecimiento del aeropuerto de Foronda en Araba.

Todo ello alimentado con energía fósil y para muestra, las cuatro gasolineras y una quinta proyectada, que junto a infraestructura logística engullen al pequeño Concejo de Margarita, junto a Vitoria-Gasteiz. Consumo de petróleo y de gas en aumento y con ello las emisiones de CO2 que se nos escapan del control. La adicional capacidad de potencia y con ella todas sus infraestructuras también servirán para activar el corredor energético con Francia. Todo esto para llevarnos a una conexión de Euskal Herria con el mundo, según el lehendakari del Gobierno Vasco, Sr. Pradales, y a una desconexión con su territorio y con la población que vive en él.

 

Democrática

Tampoco es democrática porque lleva a la sociedad al límite para lograr aceptaciones inaceptables, con soluciones perversas pensadas siempre a favor del capital, como así lo demuestra la financiación de la central de Labraza con el crowdlending u otros fondos de inversión. Capital financiero e inversores que priorizan el retorno de su inversión a las consecuencias sociales de sus depósitos. Otra aceptación impuesta y sin respuesta en las urnas al ir disfrazada de democrática, es la de la privatización del agua. Otro recurso natural sin el cual no podemos vivir, como el de la energía y que tanto Gobierno Vasco como Diputaciones se están encargando de mercantilizar siguiendo los pasos de siempre: centralizar, rentabilizar, externalizar para finalmente vender.

 

No podemos dejar de denunciar una de las más perversas soluciones capitalistas que es la de crear e impulsar la industria armamentística en nuestro territorio, vendiéndolo como oportunidad de empleo de la clase trabajadora, oportunidad de negocio, del negocio de la guerra. Estas políticas son las de una democracia en crisis que llevan a la población hacia la precariedad, la desesperación y la enfermedad, y a que la sociedad, asustada por las consecuencias de esa precariedad, acepte la violencia institucional, el estado de vigilancia y con ello la falta de libertad. Qué razón tenía Bertolt Brecht al afirmar que “el fascismo no es lo contrario de la democracia, sino su evolución en tiempo de crisis”.

 

Justa

Y, ¡cómo van a ser justas! No pueden ser justas si se pone un precio al territorio, al patrimonio, a la cultura, a los recuerdos, a las vidas de las personas que viven en el lugar, a las vidas del presente y a las del futuro, precio que destruye ecosistemas y a la naturaleza que es la que nos permite vivir. Una vez más, los políticos acomodados en los gobiernos y lacayos aburguesados desvían y acomodan el sentido de las palabras y dicen hacer justicia desplegando macroproyectos de centrales eólicas, solares, líneas de Alta Tensión, etc. en nuestro territorio. Tecnología que para su despliegue macro y centralizado necesita continuar con el expolio de los recursos naturales y minerales críticos de los países de siempre, la esclavitud de sus gentes y la creciente quema de combustible fósil.

 

Frédéric Lorndon en su libro El capitalismo o el Planeta lo deja tan claro como el título del libro: “Si seguimos despreciando todo lo que no sea el dinero nos lleva a hacernos por fin unas cuántas preguntas serias sobre nuestra forma no de fabricar sino de vivir Nos lleva a plantearnos seriamente el elegir entre economía o la vida”. No nos dejemos engañar. Todos estos macroproyectos no nos salvarán ni de la crisis climática, ni de la ecológica, ni de la humanitaria y mucho menos de la económica. Políticas que se repiten desde mediados del siglo XX , políticas que rodean el problema, políticas aceleracionistas, tecnooptimistas y procrastinatorias que la historia de la energía nos recuerda no han funcionado.

 

Defendamos el territorio. Defendamos la vida.

 

Itziar Martínez de Luna eta Ion Etxabe. Militantes de Araba Bizirik

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