Se habrán dado cuenta, o quizá no. De un tiempo a esta parte, el de Palestina vuelve a ser para los medios de comunicación, poco a poco, el conflicto que siempre ha sido; secundario y cronificado, condenado de nuevo a la indiferencia del mundo. Y sin embargo, la situación en Gaza sigue siendo dramática, la emergencia humanitaria sigue ahí, las niñas y niños siguen siendo víctimas del odio y la crueldad de los adultos.
Para contribuir a aliviar, en la modesta medida en que sea posible, su situación, Artepan y el restaurante Kromatiko han puesto en marcha una dulce iniciativa solidaria: Crunafah, un cruasán relleno con una reinterpretación del postre palestino kanafeh o kunafa, una edición limitada que se puede adquirir desde este 3 de noviembre y hasta el día 16. Por cada unidad vendida se destinarán tres euros a la ONG Global Humanitaria, que dedicará estos fondos a adquirir cestas de compra para 15 días y las entregará a familias gazatíes.
«En este momento, por el bloqueo que sufren, los precios en Gaza están disparados. Estas cestas ayudarán a las familias y sobre todo a los niños, que como en cualquier conflicto son la parte más más afectada«, explica Aitor Etxenike, chef de Kromatiko e incansable viajero gastronómico. Cuando Txema Pascual, de Artepan, le propuso rellenar un cruasán con uno de sus postres, iniciativa que ya ha desarrollado con otros restaurantes alaveses, Aitor estuvo un tiempo dándole vueltas al asunto. «Un buen día me llamó para tomar un café. En vez de ser un postre suyo, de los que tiene en la carta, propuso utilizar un postre típico de Palestina, y convertirlo en un cruasán solidario», rememora Txema.
Solidario y rico
Y además de ser solidario, lógicamente, tenía que estar rico. Prepárense para salivar. «El kanafeh es como una tarta de pasta kataifi, horneada con el queso nabulsi dentro. Cuando se termina de hornear se le echa un almíbar de agua de azahar, a veces de agua de rosas, y se termina coronando con pistacho. Algunos llevan un poquito de ralladura de limón, algunos llevan comino negro, y hay también una especie de harina de cerezas, más usada en la parte de Turquía», explica Aitor.
El relleno del ‘crunafah’
El cocinero se puso manos a la obra, y asesorado por Maider e Isma, del Arima del Casco Viejo, embajadores gastronómicos del Oriente Próximo en Gasteiz, elaboró la siguiente preparación: «Decidimos que los ingredientes tenían que ser, obviamente, el cruasán, que es lo que nos haría las veces de la pasta kataifi, el relleno de queso, la ralladura de lima, el almíbar, el agua de azahar, el pistacho y la miel. Lo que hicimos fue rellenar el croissant de una crema de queso con agua de azahar que recordara al nabulsi, pero que en frío tuviera el mismo efecto cremoso. Después encima le pusimos un praliné de pistacho con miel y ralladura de limón, y terminamos coronando con un poquito de pistacho picado» explica Aitor, quien asegura que, «enseguida, según lo pruebas, te lleva a ese tipo de platos, a esa gastronomía, esa zona de Oriente».
«Ahora es cuando hay que acordarse de Gaza»
Txema explica que cuando arrancaron con el proyecto pensó que llegaría tarde, una vez que se había decretado el alto el fuego y, en principio, las cosas iban a mejorar en Palestina. Cambió de idea tras leer un artículo de Mikel Ayestarán, en el que decía que «ahora es cuando hay que acordarse de Gaza».
Así pues, el crunafah siguió adelante con su gestación y nacimiento, y su doble fin: «Está rico, que eso es muy importante, y como buen cruasán te dibuja una sonrisita -dice Aitor-. Como decía un amigo nuestro, con un pequeño gesto, con un gesto cotidiano, puedes ayudar a mucha gente». «Y ese es el lema que hemos elegido -concluye Txema-, keinu txiki bat oso lagungarria izan daiteke«.
FOTOGRAFÍA: Txus Díez



