El germen de esta historia nace hace cincuenta años, cuando, en noviembre de 1975, Marruecos ocupó el Sahara y todo un pueblo de ciudadanos españoles tuvo que huir al desierto. Justo en aquellas fechas, a finales de 1975, Mercedes Benz sacaba al mercado su modelo W123, un coche de lujo con una característica especial, un filtro de aire que uniría el destino de este vehículo con el del pueblo saharaui.
El final, o el punto y seguido, mejor, de esta historia, se vivió este jueves en la galería fotográfica FTG de Gasteiz, donde se inauguró la muestra Donde mueren los Mercedes, del fotógrafo documental Gustavo Bravo. Gustavo y su pareja, la periodista Sandra Remón, acudieron al Sahara el pasado invierno para conocer la tierra de la niña a la que acogen todos los veranos, y al fotógrafo le llamó la atención la cantidad de viejos Mercedes que había por todas partes.

El coche de su abuelo
“Este es el coche que mi abuelo, que estuvo en las colas del hambre en la guerra, decidió regalarse a sí mismo al jubilarse. Cogió un avión con mi abuela, se fue hasta Alemania, compró un Mercedes de segunda mano, porque era lo que se podía permitir, y se volvió con él a España, y para la familia fue como un acontecimiento muy importante. Yo he crecido con este coche como un símbolo de haber conseguido muchas cosas, voy allí y lo veo multiplicado por mil, por todas partes, y encima delante de casas de adobe. Parecían imágenes de inteligencia artificial”, relata Gustavo.
Había, por tanto, una oportunidad plástica y fotográfica para explicar la historia de los saharauis en los campos de refugiados de Tinduf. “Estamos saturados de historias melodramáticas, por un lado, y también de historias que romantizan el Sahara, por otro. Esto era una manera de utilizar el vehículo como gancho, porque para los europeos es un vehículo muy importante, un poco como coartada para hablar de la situación que viven allí”, señala el fotógrafo.
Mercedes en el desierto
Pero bueno, y al final, ¿qué pintan allí tantos Mercedes W123, y también los W124? Lo explicaba el delegado del Frente Polisario en Euskadi, Mojtar Labuehi Emboiric, en la apertura de la muestra. Ese filtro de aire del que hablábamos, que también tenían los Toyota, es imprescindible para que los coches puedan andar entre la arena. Esto, unido a que en Alemania surgió un interesante mercado de segunda mano, y a que la construcción de carreteras tras el fin de la guerra, en 1991, permitió renunciar a los costosos vehículos todoterreno, inundó el desierto de coches que viven una segunda existencia, una nueva oportunidad, tras ser un símbolo de lujo y estatus en las frías tierras teutonas.

Ayer a las puertas de la galería se exhibió uno de estos W123, junto con un Volkswagen Escarabajo matriculado en el Sahara, propiedad este último del vitoriano Patxi García y uno los dos coches que todavía conservan esa placa en España.

Esta coincidencia de fechas a finales del 75, esa paradoja entre el lujo y la pura y dura supervivencia, ese contraste de colores entre los azules metalizados y la arena, son en última instancia, y como insistía Gustavo, la excusa para dar a conocer la situación del pueblo saharaui, representado ayer en Gasteiz por las niñas y niños que pasan el verano con nosotros gracias a Afanis, la Asociación de familias de acogida de niños/as Saharauis; y al programa Vacaciones en Paz, que cumple 40 años. Emboiric expresaba ayer su “infinito agradecimiento” a todas estas familias.
FOTOGRAFÍA: Txus Díez
También te puede interesar
- Álava inaugura Nexum, su nuevo Centro de Emprendimiento en Vitoria-Gasteiz
- Delaossa actuará gratis en Vitoria-Gasteiz como gran protagonista de Vital Eguna 2026
- Más de 3.000 triatletas de 85 países competirán este fin de semana en el Ironman Vitoria-Gasteiz 2026
- La Ruina actuará en Vitoria-Gasteiz con dos funciones en Vital Eguna 2026



