La juventud rural alavesa quiere quedarse en sus pueblos, pero cada vez tiene más dificultades para construir en ellos un proyecto de vida autónomo. La falta de vivienda asequible, la precariedad laboral y la escasez de servicios están retrasando la emancipación hasta los 28 o incluso 34 años en muchas zonas rurales de Álava, según recoge el informe Emantzipazioa Begiratzen, elaborado por el Gobierno Vasco.
El documento analiza las condiciones de vida y las necesidades de la juventud rural de Euskadi a través de entrevistas, cuestionarios y procesos participativos en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Y una de las principales conclusiones es que el problema no es la falta de arraigo, sino la imposibilidad material de quedarse donde han nacido.
En Rioja Alavesa, por ejemplo, el informe señala que un 80% de las personas jóvenes encuestadas desea seguir viviendo en el entorno rural. Sin embargo, muchas terminan marchándose a Vitoria-Gasteiz, Logroño u otros núcleos urbanos por la dificultad para acceder a vivienda o empleo estable.
Vivienda inaccesible y dependencia familiar prolongada
El estudio identifica la vivienda como uno de los principales obstáculos para la emancipación juvenil en el medio rural. En muchas comarcas prácticamente no existe alquiler asequible y la compra continúa siendo la fórmula dominante, aunque cada vez resulta más inaccesible para la juventud.
En Álava, además, el informe destaca el peso de las segundas residencias y la falta de alternativas habitacionales en numerosos pueblos. En Montaña Alavesa, la estrategia más habitual consiste en seguir viviendo en casa familiar durante años, ahorrar y, en algunos casos, rehabilitar o dividir viviendas heredadas.
La escasa cultura de alquiler o vivienda compartida también influye en este retraso emancipador. El informe señala que muchas personas jóvenes no contemplan compartir piso como opción viable y vinculan la emancipación a disponer de vivienda propia y estabilidad laboral.
“Frustración”, “desánimo” y “bloqueo vital”
Además de en las dificultades económicas, el informe pone el foco en el impacto emocional que genera esta situación. Entre las emociones más repetidas aparecen la frustración, la ansiedad, la resignación o la sensación de bloqueo vital. En Montaña Alavesa, las personas entrevistadas describen a una juventud “muy formada”, pero con pocas oportunidades reales para desarrollar proyectos de vida en la comarca. El mantenimiento prolongado en el hogar familiar aporta seguridad, pero también genera dependencia y sensación de estancamiento.
En Rioja Alavesa, el estudio habla incluso de una mezcla entre “queja constante y resignación”, agravada por la lentitud administrativa y la falta de soluciones estructurales.
La juventud rural sí quiere quedarse
Pese a todo, el arraigo territorial sigue siendo muy fuerte. El informe destaca que muchas personas jóvenes valoran la tranquilidad, la comunidad, la cercanía y el contacto con la naturaleza que ofrecen los pueblos alaveses.
La pandemia reforzó además la percepción positiva del mundo rural y abrió nuevas expectativas vinculadas al teletrabajo y a la posibilidad de desarrollar proyectos de vida fuera de las grandes ciudades. Sin embargo, el documento advierte de que la falta de conectividad, transporte y servicios continúa limitando esas oportunidades.
En Montaña Alavesa, el estudio detecta además diferencias internas entre las zonas mejor conectadas con Vitoria-Gasteiz y los municipios más aislados, donde la salida de población joven es más acusada.
FOTOGRAFÍA: Txus Díez
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