Al principio, a los madres y padres nos costaba asumir que una nueva tradición, expresión contradictoria en sí misma, llegara a Araba para hurgar en nuestros bolsillos a modo de calentamiento previo al Black Friday y la Navidad, y alterara el ánimo de nuestros pequeños retoños en mitad del otoño. Halloween nos sonaba a artificio, marketing, a colonialismo cultural, pero la historia, como la vida misma, da muchas vueltas, y todo esto que nos llega desde América hizo en su día el recorrido inverso.
Las nuevas generaciones de madres y padres también le han dado una vuelta a todo esto, y ahora Halloween es en los pueblos alaveses la Gau Beltza, una celebración con carácter propio y más arraigada a nuestro pasado de lo que en principio podríamos pensar.
Estudio antropológico
Los antropólogos Jaime Altuna y Josu Ozaita han realizado un profunda investigación sobre este fenómeno y Ozaita, que este jueves estuvo en Zuia ofreciendo una charla sobre las raíces y el saludable presente de esta Gau Beltza, nos explica sus entresijos.
Junto con Altuna, Ozaita recorrió los pueblos de Euskal Herria recabando testimonios de personas mayores y observando cómo los niños viven estas fiestas, y descubrieron, por ejemplo, que en la Rioja Alavesa, hasta hace unos 65 años, los niños vaciaban remolachas o patatas grandes, les metían una vela y las usaban para asustar a los vecinos más peculiares del pueblo.
“Gau Beltza no es una simple recuperación, sino una reinterpretación adaptada a la actualidad. Se celebran talleres de calabazas, se reutilizan disfraces, se recuperan las castañas y las rondas de petición de comida, y se crean nuevas fórmulas en euskera para sustituir el truco o trato», señala Ozaita, quien explica que, frente al Halloween más ortodoxo, la Gau Beltza es “una alternativa cultural en euskera, con valores propios y elementos tradicionales, que enraizan con la cultura vasca”.
La fiesta de antaño
En su recorrido por los pueblos vascos, gracias a la beca Juan San Martín de Eibar, Altuna y Ozaita descubrieron que la calabaza, el símbolo por antonomasia de Halloween, aquí ya tenía usos diferentes a los gastronómicos en estas fechas otoñales hace muchos años. “En una ocasión, escuchamos de boca de los mayores que, cuando eran niños, robaban calabazas o nabos de las huertas, los vaciaban, les daban forma de cara y los colocaban en los márgenes de los caminos o en cruces para asustar a la gente. Según nuestra investigación, era una práctica muy extendida, como lo confirman los testimonios recogidos en muchos lugares de Euskal Herria. Era una travesura o juego típico del otoño, pero se intensificaba especialmente los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, debido a la creencia religiosa de que las almas y los muertos regresaban en esas fechas”, explica Ozaita.
El origen de ‘All Hallow’s Eve’
¿Y cómo llegó a nuestra tierra esta tradición, de dónde viene esta celebración en torno a la muerte? Tanto Halloween como la Gau Beltza o la Noche de las Ánimas tienen su origen en la fiesta celta de Samhain, un evento pagano extendido por toda la Europa antigua y que marcaba el final del verano y el inicio del invierno; el comienzo del período muerto, en el que la tierra y los seres vivos dormían hasta la llegada de la primavera. Durante tres días, explica Ozaita, se celebraban diversas fiestas y rituales para conmemorar el regreso de los muertos al mundo de los vivos, en busca del calor del hogar, para reponer fuerzas en la cocina junto a sus familiares.
“En Euskal Herria y los Pirineos se han recogido celebraciones similares”, explica el investigador, pues se creía que los espíritus seguían teniendo necesidades humanas, y por tanto eran enterrados con comida y bebida.
La fiesta cuajó en toda Europa, y como ocurrió con tantas otras celebraciones paganas, el Cristianismo adaptó su calendario a este uso ancestral. En el siglo VIII, el papa Gregorio III fijó el día de los mártires cristianos en el 1 de noviembre, coincidiendo con el día de Samhain; y desde entonces se consolidó como una fecha importante en el calendario cristiano, junto con la Navidad y la Semana Santa. Fue entonces cuando cambió el nombre del día, explica Ozaita, y se convirtió en All Hallow’s Eve, víspera de Todos los Santos, que luego derivaría en Halloween.
A finales del siglo XVIII, inmigrantes ingleses e irlandeses llevaron consigo esta celebración a Estados Unidos, y durante los siglos XIX y XX se convirtió en un elemento clave para consolidar la nueva identidad americana. Con la hegemonía cultural estadounidense a nivel global, el Halloween emprendió el viaje de regreso a Europa, ya mutado en ese evento de aspecto superficial y plastificado, pero profundamente arraigado en la cultura popular a ambos lados del Atlántico. “Aunque se han hecho modificaciones en sus formas antiguas, su propósito y lógica se han mantenido de alguna manera: anunciar la llegada del período muerto del año, rendir culto a los difuntos, recordarlos o celebrar la relación entre vivos y muertos”, explica el antropólogo.
La Gau Beltza, hoy
Altuna y Ozaita no se limitaron a desenterrar el pasado de estas tradiciones en torno al 1 de noviembre, también, como antropólogos, observaron y analizaron lo que ocurría a su alrededor en los pueblos que visitaron. “Queríamos escuchar las vivencias y discursos de los niños, darles voz y acercarnos a estas fiestas desde su experiencia”, explica Ozaita.
Estas son sus observaciones y conclusiones. “Cuando se celebra Halloween en Euskal Herria, los niños están jugando en una actividad libre, fuera de la presencia adulta: se organizan por sí mismos y han desmontado muchas creencias. Aunque Halloween tiene valores claramente consumistas, lo celebran casi sin gastar dinero, sacando disfraces de la caja del carnaval, pintándose la cara, despeinándose, maquillándose como almas y rompiendo una camiseta vieja”, señalan los investigadores.
Los propios niños y niñas les han explicado que “es una fiesta atractiva para ellos”, pues “al fin y al cabo es una de las primeras veces que salen en grupo al anochecer, se disfrazan, comen caramelos y el miedo o el susto se convierte en parte del juego”. Y, además, como reinterpretación de una vieja tradición es todavía moldeable y puede servir para «abordar diversos temas, como el de la muerte. En una sociedad que ha convertido la muerte casi en un tabú, Gau Beltza y los días previos ofrecen la oportunidad de tratar este tema», señalan los investigadores.
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