Gau Beltza, una fiesta genuinamente nuestra

El antropólogo Josu Ozaita nos introduce en las tradiciones de la víspera del Día de Difuntos, presentes en Euskal Herria mucho antes de la asimilación de Halloween
Celebración de la Gau Beltza en Álava
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Txus Díez

Periodista y fotógrafo. Fundador de ZUK

26 de octubre de 2025 a las 07:00

Al principio, a los madres y padres nos costaba asumir que una nueva tradición, expresión contradictoria en sí misma, llegara a Araba para hurgar en nuestros bolsillos a modo de calentamiento previo al Black Friday y la Navidad, y alterara el ánimo de nuestros pequeños retoños en mitad del otoño. Halloween nos sonaba a artificio, marketing, a colonialismo cultural, pero la historia, como la vida misma, da muchas vueltas, y todo esto que nos llega desde América hizo en su día el recorrido inverso.

 

Las nuevas generaciones de madres y padres también le han dado una vuelta a todo esto, y ahora Halloween es en los pueblos alaveses la Gau Beltza, una celebración con carácter propio y más arraigada a nuestro pasado de lo que en principio podríamos pensar.

 

Estudio antropológico

Los antropólogos Jaime Altuna y Josu Ozaita han realizado un profunda investigación sobre este fenómeno y Ozaita, que este jueves estuvo en Zuia ofreciendo una charla sobre las raíces y el saludable presente de esta Gau Beltza, nos explica sus entresijos.

 

Junto con Altuna, Ozaita recorrió los pueblos de Euskal Herria recabando testimonios de personas mayores y observando cómo los niños viven estas fiestas, y descubrieron, por ejemplo, que en la Rioja Alavesa, hasta hace unos 65 años, los niños vaciaban remolachas o patatas grandes, les metían una vela y las usaban para asustar a los vecinos más peculiares del pueblo.

 

“Gau Beltza no es una simple recuperación, sino una reinterpretación adaptada a la actualidad. Se celebran talleres de calabazas, se reutilizan disfraces, se recuperan las castañas y las rondas de petición de comida, y se crean nuevas fórmulas en euskera para sustituir el truco o trato», señala Ozaita, quien explica que, frente al Halloween más ortodoxo, la Gau Beltza es “una alternativa cultural en euskera, con valores propios y elementos tradicionales, que enraizan con la cultura vasca”.

 

La fiesta de antaño

En su recorrido por los pueblos vascos, gracias a la beca Juan San Martín de Eibar, Altuna y Ozaita descubrieron que la calabaza, el símbolo por antonomasia de Halloween, aquí ya tenía usos diferentes a los gastronómicos en estas fechas otoñales hace muchos años. “En una ocasión, escuchamos de boca de los mayores que, cuando eran niños, robaban calabazas o nabos de las huertas, los vaciaban, les daban forma de cara y los colocaban en los márgenes de los caminos o en cruces para asustar a la gente. Según nuestra investigación, era una práctica muy extendida, como lo confirman los testimonios recogidos en muchos lugares de Euskal Herria. Era una travesura o juego típico del otoño, pero se intensificaba especialmente los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, debido a la creencia religiosa de que las almas y los muertos regresaban en esas fechas”, explica Ozaita.

 

El origen de ‘All Hallow’s Eve’

¿Y cómo llegó a nuestra tierra esta tradición, de dónde viene esta celebración en torno a la muerte? Tanto Halloween como la Gau Beltza o la Noche de las Ánimas tienen su origen en la fiesta celta de Samhain, un evento pagano extendido por toda la Europa antigua y que marcaba el final del verano y el inicio del invierno; el comienzo del período muerto, en el que la tierra y los seres vivos dormían hasta la llegada de la primavera. Durante tres días, explica Ozaita, se celebraban diversas fiestas y rituales para conmemorar el regreso de los muertos al mundo de los vivos, en busca del calor del hogar, para reponer fuerzas en la cocina junto a sus familiares.

 

“En Euskal Herria y los Pirineos se han recogido celebraciones similares”, explica el investigador, pues se creía que los espíritus seguían teniendo necesidades humanas, y por tanto eran enterrados con comida y bebida.

 

La fiesta cuajó en toda Europa, y como ocurrió con tantas otras celebraciones paganas, el Cristianismo adaptó su calendario a este uso ancestral. En el siglo VIII, el papa Gregorio III fijó el día de los mártires cristianos en el 1 de noviembre, coincidiendo con el día de Samhain; y desde entonces se consolidó como una fecha importante en el calendario cristiano, junto con la Navidad y la Semana Santa. Fue entonces cuando cambió el nombre del día, explica Ozaita, y se convirtió en All Hallow’s Eve, víspera de Todos los Santos, que luego derivaría en Halloween.

 

A finales del siglo XVIII, inmigrantes ingleses e irlandeses llevaron consigo esta celebración a Estados Unidos, y durante los siglos XIX y XX se convirtió en un elemento clave para consolidar la nueva identidad americana. Con la hegemonía cultural estadounidense a nivel global, el Halloween emprendió el viaje de regreso a Europa, ya mutado en ese evento de aspecto superficial y plastificado, pero profundamente arraigado en la cultura popular a ambos lados del Atlántico. “Aunque se han hecho modificaciones en sus formas antiguas, su propósito y lógica se han mantenido de alguna manera: anunciar la llegada del período muerto del año, rendir culto a los difuntos, recordarlos o celebrar la relación entre vivos y muertos”, explica el antropólogo.

 

La Gau Beltza, hoy

Altuna y Ozaita no se limitaron a desenterrar el pasado de estas tradiciones en torno al 1 de noviembre, también, como antropólogos, observaron y analizaron lo que ocurría a su alrededor en los pueblos que visitaron. “Queríamos escuchar las vivencias y discursos de los niños, darles voz y acercarnos a estas fiestas desde su experiencia”, explica Ozaita.

 

Estas son sus observaciones y conclusiones. “Cuando se celebra Halloween en Euskal Herria, los niños están jugando en una actividad libre, fuera de la presencia adulta: se organizan por sí mismos y han desmontado muchas creencias. Aunque Halloween tiene valores claramente consumistas, lo celebran casi sin gastar dinero, sacando disfraces de la caja del carnaval, pintándose la cara, despeinándose, maquillándose como almas y rompiendo una camiseta vieja”, señalan los investigadores.

 

Los propios niños y niñas les han explicado que “es una fiesta atractiva para ellos”, pues “al fin y al cabo es una de las primeras veces que salen en grupo al anochecer, se disfrazan, comen caramelos y el miedo o el susto se convierte en parte del juego”. Y, además, como reinterpretación de una vieja tradición es todavía moldeable y puede servir para «abordar diversos temas, como el de la muerte. En una sociedad que ha convertido la muerte casi en un tabú, Gau Beltza y los días previos ofrecen la oportunidad de tratar este tema», señalan los investigadores.

 

FOTOGRAFÍA: Pexels

 

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Txus Díez

Periodista y fotógrafo. Fundador de ZUK

26 de octubre de 2025 a las 07:00