Iker y Eneko Pou han alcanzado la cima del Alpamayo, una de las montañas más emblemáticas de la Cordillera Blanca de Perú y considerada durante décadas una de las más bellas del mundo. Los escaladores culminan así un objetivo que perseguían desde niños y que tenían pendiente desde sus primeras expediciones al país andino.

La ascensión supone un cambio de registro dentro de la actual expedición de los Pou. Habitualmente centrados en la apertura de nuevas vías —han firmado ya una veintena en la Cordillera Blanca—, en esta ocasión decidieron afrontar una ruta existente para alcanzar los 5.947 metros de altitud del Alpamayo. «Estoy deseando ascenderlo desde la primera temporada que vinimos a Perú. Es un sueño que arrastramos desde niños, cuando veíamos las fotos de esta pirámide perfecta y quedábamos hipnotizados. Una montaña así bien vale todo nuestro esfuerzo», explicó Eneko Pou.

Una salida a las 23:15 para evitar las aglomeraciones
Los hermanos llegaron hasta la montaña a través de la quebrada de Santa Cruz y establecieron su campo alto antes de afrontar el ataque definitivo a la cumbre. La popularidad del Alpamayo hace que numerosos equipos coincidan durante la temporada de escalada. Ante la presencia de varios grupos que tenían previsto iniciar la ascensión durante la misma madrugada, los Pou acordaron con los guías locales salir en primer lugar para evitar esperas en los tramos más técnicos.

Iker y Eneko comenzaron a escalar a las 23:15 horas, bajo un cielo despejado. Uno de los primeros obstáculos fue un muro vertical de hielo de unos veinte metros situado a pie de rimaya. Desde allí continuaron por la ruta Vasco-Francesa, abierta en 1993 por el alpinista Aritza Monasterio junto a un equipo francés.

Cumbre a las 3:30 de la madrugada
Tras algo más de cuatro horas de ascensión, los Pou alcanzaron la cima del Alpamayo a las 3:30 de la madrugada. El momento suponía culminar uno de los sueños que ambos compartían desde su infancia, cuando las fotografías de la característica pirámide de hielo del Alpamayo alimentaron su interés por el alpinismo.

Después de alcanzar los 5.947 metros, iniciaron el descenso mediante rápeles y regresaron al campo alto coincidiendo con las primeras luces del día.
La ascensión llega durante una nueva estancia de la cordada alavesa en la Cordillera Blanca, donde continúan desarrollando una trayectoria marcada por la exploración y la apertura de nuevas rutas. Esta vez, sin embargo, el objetivo era otro: subir una de las montañas que les hizo soñar con convertirse en alpinistas.
FOTOGRAFÍA: Hermanos Pou


