Fundidos física y mentalmente, pero al menos satisfechos desde el punto de vista puramente deportivo, los hermanos Pou han regresado a casa tras una accidentada expedición de casi 50 días en los Andes peruanos, una aventura de esas tras las que es preciso pararse un poco a pensar, o a dejar de pensar, y a eso se han entregado ahora Eneko, que ya está en Mallorca; e Iker, que atiende a ZUK desde Asturias.
Nada más llegar a Perú, los escaladores alaveses recibieron la llamada desesperada de los familiares de tres compañeros a los que ya conocían de años anteriores; Efraín Homer Pretel, Jesús Picón Huerta y Edson Bandeira Acosta. Habían desaparecido en la montaña y no había gente suficiente capaz de subir a por ellos. «Fue muy duro, nos rogaban que los sacáramos y estábamos solo seis personas para andar en altura. Pusimos todo el empeño, pero fue todo muy improvisado, los porteos fallaron, estábamos a 5.000 metros sin tiendas, ni sacos ni comida, así cuatro días. Casi subimos hasta la cumbre, estábamos agotados, tuvimos que bajar y entraron grupos de relevo. Nosotros estábamos convencidos de que cayeron desde la arista al otro lado de la montaña, y así fue, pero era imposible localizarlos hasta que no dejara de nevar», nos cuenta Iker. Un mes después, con la ayuda de un dron, los cuerpos fueron localizados.
«El primer rescate fue muy duro, las familias nos rogaban que los sacáramos y estábamos solo seis personas para andar en altura»
Un mes sin parar de nevar
Efectivamente, han sido estas unas semanas de nevadas constantes, «casi cada tarde», lo que por un lado ha hecho más incómoda y peligrosa la expedición, y por otro la ha facilitado, cargando con algo de nieve y hielo unas paredes «peladas» por el cambio climático. «Este año ha nevado un montón en la cordillera, pero los glaciares siguen en clarísimo retroceso, ves las fotos de hace veinte años y no tiene nada que ver. Hay que andar con mucha precaución, está habiendo muchos desprendimientos, ahora el hielo ya no sujeta la roca y está casi todo mucho más peligroso, aunque también hay montañas que antes tenían hongos de nieve arriba que se han caído y ahora es más fácil el acceso a la cumbre», explica el montañero vitoriano.
«Hay muchos desprendimientos, ahora el hielo ya no sujeta la roca y está casi todo mucho más peligroso»
«Hay que saber retirarse»
Esa inestabilidad está detrás de las tragedias que se han sucedido semana tras semana en la Cordillera Blanca, y también la imprudencia. «Hay que saber retirarse, nosotros después del primer rescate nos dimos la vuelta antes de entrar a una pared; ya volveremos. Mucha gente apura al máximo, va a subir esté o no esté la montaña en condiciones, y por eso ocurren los accidentes», señala Iker. De hecho, las japonesas Saki Terada y Chiaki Inada ni siquiera habían aclimatado, y la primera de ellas acabó falleciendo en el Nevado Huascarán.
Al menos, explica Iker, las primeras tres muertes, las de sus compañeros, han servido para que el Gobierno de Perú haya ubicado un helicóptero de forma permanente en Huaraz, que a la postre «ha salvado muchas vidas».
Nueve amigos perdidos
Otras muchas se han perdido estas semanas. Hasta nueve amigos de Eneko e Iker han muerto mientras estaban en Perú, y eso, a la hora de salir a la montaña, no ayuda a mantener la seguridad y la confianza precisas para culminar con éxito la empresa. «Íbamos tocados, eran gente conocida que iba desapareciendo y la motivación no era altísima, vas cansado. Cuando tuvimos que ir al primer rescate ya pensamos que iba a ser difícil hacer algo este año, necesitas una semana solo para recuperar el cuerpo y la cabeza, así que estamos contentos con lo realizado para la temporada que ha sido. Estábamos tocados -insiste-, de tanto convivir con la tragedia».
Acabar con buen sabor de boca
Están contentos, explica, porque han abierto veinte vías en esos inciertos terrenos verticales, y ya al final, cuando el tiempo había mejorado, pero no se sentían con fuerzas físicas ni mentales «para grandes ascensiones», decidieron terminar el viaje con un poco de roca. El Karma de Cóndores les ha permitido volver a casa con un buen sabor de boca, dentro lo malo, y más después de que que hace escasos días se enteraran de la muerte de la saltadora BASE Marta Jiménez. Con ella y su compañero, Eric, compartieron los hermanos Pou buenos momentos hace apenas un año, y su fallecimiento vino a oscurecer un poco más el ánimo de la cordada alavesa.
En esta pared de «fisuras perfectas al más puro estilo Yosemite» han metido los puños los vitorianos. Se trata de «una vía difícil que conseguimos hacer a vista, al primer intento, y eso que hacía frío, granizó, nevó e hizo de todo». Todo esto a 4.000 metros de altitud, así que para Iker el Karma de Cóndores ha sido un broche de oro a la temporada en la Cordillera Blanca, que «ha sido muy difícil». Ahora, concluye, toca «disfrutar de las vacaciones y desconectar de todo esto».
FOTOGRAFÍA: Hermanos Pou



