Aztarna Beltza, el festival de música negra de Araba, echa a andar este jueves en su nueva ubicación de la plaza de la Burullería. Tras un primer año de lluvia incesante y otras dos ediciones de pandemia, poco a poco la cita se va consolidando, no sin dificultades, pues es un festival gratuito que además vende la bebida a precios populares, un regalo para la ciudad que sin embargo ha de ser rentable para sobrevivir.
En ese sentido, su director, David Elejalde, explica a ZUK, a escasas horas de que empiece el primer concierto, que el salto a la Burullería ha de ser un punto de inflexión para la consolidación del festival, pues es una zona de paso en un marco singular. Este nuevo emplazamiento traerá mas gente a los conciertos si la climatología lo permite, que parece que sí, pero sobre todo el mayor atractivo del Aztarna es el cartel. David afirma que a la hora de programar buscan «lo que se hace ahora», pues la música negra sigue tan viva como siempre en sus múltiples ramificaciones, desde el soul y el funk hasta el reguetón o el trap, que también vienen de ahí.
Así, pasarán por Gasteiz artista como June Molina, jovencísima gasteiztarra que estudia en Berklee, la más prestigiosa escuela de música del mundo, o DJ Parrucho, un pionero del género en la ciudad que improvisará junto a Kloy MC, Danilo Foronda y los hermanos Nico y Eolo Andino.
Cimiento de la música negra
Pero además, y a este punto queríamos llegar, por primera vez el Aztarna acoge un concierto de gospel, cimiento de la música negra que se nutrió de los cantos espirituales de los campos de algodón y parió un hijo bastardo, el blues, del que a su vez nacieron el rock and roll, el soul, el funk o el hip hop.
Una espinita clavada
David llevaba ya tiempo con la espinita clavada de traer el gospel a la cita estival vitoriana, por lo que hemos contado, pero también por una cuestión más personal. «Yo estuve ocho años trabajando para Gospel Factory, un coro profesional», con el que llegó a actuar en el Teatro Calderón de Madrid.
La cuestión es que montar un concierto de gospel no es como a traer a Vitoria a una banda de cinco músicos. Hay que fletar un autobús y buscar hotel para medio centenar de personas, así que había que buscar en casa.
Joyful Gospel Choir
Y resulta que cerca de sesenta personas se reúnen todas la semanas en el centro social de Gamarra Mayor para ensayar esto himnos, una afición que quizá de entrada pueda parecer un tanto exótica en Araba. Sin embargo, hay que recordar que este es un territorio que ha abrazado y hecho suyos con toda la naturalidad y el cariño del mundo géneros como el punk, el reggae o el hard core. ¿Cómo no íbamos, pues, a hacerle un hueco en nuestra densa despensa musical al universo musical que, con el fin último de alabar a Dios, ofició el sagrado y pentatónico matrimonio entre las oraciones anglosajonas y los ritmos africanos, décadas antes de que Chuck Berry, Elvis Presley o Little Richard reclamaran para sí mismos dicho mérito?
Joyful Gospel Choir, ese nutrido grupo radicado en Gamarra por gentileza de su junta administrativa, es el encargado de cargar sobre sus espaldas con la responsabilidad de representar a este género en nuestro territorio, con éxito, visto su nutrido calendario de conciertos. David los escuchó y lo enseguida lo vio claro. «Lo quiero para mi festi, es la homilía perfecta» para el domingo, 3 de agosto, a las 13.00 horas.
Calendario cargado
Esti Urkiza, directora del coro, nos explica que esperan a la cita del domingo “con mucha ilusión y muchas ganas”, en un fin de semana cargado de trabajo, pues un día antes se van a La Rioja para actuar en el monasterio de Santa María de San Salvador de Cañas y en la catedral de Santo Domingo de la Calzada. “Sobre todo en primavera y verano tenemos el calendario a tope”, dice Esti, quien explica que a la Burullería acudirán cerca de cuarenta integrantes del coro vitoriano.
Allí interpretarán piezas de un repertorio que se nutre del gospel contemporáneo, afirma la directora del coro, del año 2000 en adelante. Según explica, el género ha ido evolucionando con la música negra, y si hace décadas tiraba para el sonido Motown, con el paso de los años y las modas ha transitando por los senderos del rythm and blues, el soul, el funk, el rock y hasta el hip hop, ramificación esta última en la que Joyful Gospel Choir no ha profundizado por su complejidad para trasladarla al ámbito coral.
Un poco de historia
Con el fin de explicarle a la gente que hay detrás de lo que van a poder ver y escuchar este domingo en La Burullería, David nos pone un poco al día sobre este género. El gospel, explica, proviene de los espirituales negros, canciones no necesariamente religiosas que cantaban los esclavos negros, y que a veces incluso servían para trasladar mensajes en clave, pistas para huir de la plantación rumbo al norte. «Luego pasó a ser parte del evangelismo», corriente cristiana en la que, frente a la exaltación de la culpa de la tradición católica, manda «la alegría, el optimismo y la esperanza».
En el seno de esa tradición religiosa y familiar surgieron las más grandes voces de la música negra, que secularizaron el género para disgusto de sus comunidades. Marvin Gaye, Sam Cooke o Whitney Houston aprendieron a cantar los domingos en la iglesia, y al propio Elvis «le llamaban el demonio por sacar los ritmos gospel de la iglesia», concluye David mientras contempla el montaje del escenario. Todo está ya listo, pero todavía quedan por superar los nervios del directo. «Del festival disfrutan los demás, yo disfrutaré el lunes cuando vea el resultado», afirma.
FOTOGRAFÍA: Joyful Gospel Choir



