El lobo y el ser humano han cohabitado en lo que hoy es Euskadi desde el principio de los tiempos. Basajaun, el señor del bosque, protegía a los rebaños de este cánido; y Gaueko, el dios de las tinieblas, era un lobo negro. En las alturas de Gibijo todavía hoy quedan loberas, y entre nuestras leyendas está la de El último lobo de Entzia, testimonio del eterno conflicto entre lobos y pastores. Archua, Arriano y Luna aprobaron sus ordenanzas reguladoras de la caza del lobo 1788, Izki hizo lo propio en 1854 y la Comunidad de la Sierra de Arcamo se dotó de sus propias normas al respecto en 1946.
Durante muchas décadas este animal se esfumó de nuestros montes asfixiado por la presión humana y su rastro solo permaneció en el imaginario colectivo, hasta que en la década de los años ochenta del pasado siglo regresó, y con él los ataques al ganado.
Los últimos ataques
En los últimos meses se han producido varios de estos asaltos a rebaños en el oeste del territorio, los ganaderos han dado la voz de alarma y el lobo ha vuelto a los medios de comunicación e incluso a la agenda política, en un momento en el que el Comité Permanente del Convenio de Berna ha decidido rebajar el estatus de protección de este animal, una medida que, en todo caso, no afecta a España ni a Euskadi. El lobo fue incluido en el Catálogo Vasco de especies amenazadas de flora y fauna silvestre (CVEA) en marzo de 2020, y en septiembre de 2021 en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE) para todo el Estado español. Su caza está prohibida, aunque se puede autorizar de forma excepcional.
Es un animal errante, sigiloso y nocturno, pero pese a todo su presencia está bien monitorizada, como prueba el diagnóstico del Plan de Gestión del Lobo del Gobierno Vasco, del que podemos extraer unos cuantos datos interesantes.
El lobo ibérico
Su hábitat ideal es aquel que aporta protección contra el ser humano y suficiente alimento, con densa cobertura vegetal y escasa densidad de población, abundancia de corzos y jabalíes y ganado doméstico en régimen extensivo, que consume sobre todo en forma de carroña.
Vive en manadas cuyos miembros cazan, se alimentan, se desplazan o descansan juntos, y que están constituidas por, al menos, la pareja reproductora y su descendencia del año, y a veces por otros lobos ya subadultos o adultos que participan en la alimentación y cuidado de las crías o en las tareas de caza. Dentro de cada manada existe una fuerte jerarquía; normalmente sólo el macho y la hembra dominantes, la pareja alfa, se reproducen con éxito.
Pero además hay lobos solitarios, expulsados del núcleo de la manada cuando esta crece y comienza a saturarse. Suelen ocupar los peores hábitats y sus probabilidades de morir son máximas, en contraposición a los individuos incluidos en la manada, que presentan menores tasas de mortalidad.
El lobo necesita comer entre 3 y 5 kilos de carne al día, pero también puede ayunar lo que haga falta o alimentarse con casi cualquier cosa. Come lo que hay, pero su dieta ideal consta de corzos o jabalíes, y en aquellos lugares en los que las presas naturales son menos frecuentes, la presión ejercida sobre el ganado doméstico, si lo hay, es mayor.
Evolución de la población de lobos en Álava
Durante el periodo entre 1991 y 2008, se detectó en Álava un incremento en el número de manadas, con un máximo de cuatro en 2007-2008. Sin embargo, esta tendencia se revirtió a partir de 2008, y para 2019 no se registró ninguna manada estable en la provincia. En los inviernos de 2022-2023 y 2023-2024 se identificó la posible reaparición de dos manadas en el extremo occidental del territorio, lo que indica un repunte reciente en su población.
Por otro lado, entre 1987 y 2007 se detectaron 48 lobos muertos en Álava por acción legal de control, por atropellos o por mortalidad ilegal. Entre 2009 y 2011, durante los seguimientos poblacionales realizados por la Diputación, se localizó el cadáver de un lobo en la zona de Arkamo, y en 2014 se capturó un lobo macho adulto durante el transcurso de una batida en un coto de la provincia de Burgos limítrofe con el territorio alavés.
Ataques al ganado
Entre 2005 y 2023, Álava registró 635 expedientes por ataques de lobos al ganado, el 65% del total en la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV), ataques que afectaron a 1.979 cabezas de ganado, de las cuales el 68% resultaron muertas. Los episodios de depredación son más frecuentes en verano y otoño, cuando el ganado ovino sube a los pastos comunales.
En el territorio alavés, las áreas más afectadas son las comarcas de Urkabustaiz, Kuartango y Ayala, que concentran un alto porcentaje de los incidentes. La media de animales afectados por cada ataque es de aproximadamente tres.
Población ganadera en Álava
La reaparición del lobo se ha producido además en un momento difícil para el sector Primario. Entre 1999 y 2019, la población ganadera de bovino, ovino, caprino y equino disminuyó un 26,47% en Álava, el territorio con un mayor descenso dentro de la CAPV. El ovino representa el 55% del ganado extensivo en Álava, con una densidad media que no supera las 50 reses por kilómetro cuadrado.
Medidas para evitar ataques
Entre 2000 y 2011, la Diputación Foral de Álava otorgó ayudas para el mantenimiento de mastines, el principal elemento de protección de los rebaños junto con los cercados fijos y electrificados, o móviles; el uso de disuasores como luces, explosivos o cañones detonantes; o los pastores de guarda. Desde 2023, un proyecto piloto en Álava ha implementado medidas preventivas con la participación de estos pastores especializados, cuya cobertura se ha ampliado este año. Además, Desde 1999, Álava indemniza a los ganaderos por animales muertos o heridos debido a ataques de lobos.
Los testimonios
El terreno en el que habitan y cazan los lobos lo conocen muy bien Dolo Canive, ganadera de Urkabustaiz; y Andrés Illana, portavoz del Grupo Lobo de Euskadi. Ambos ofrecen dos visiones diferentes sobre la mejor forma de gestionar la difícil convivencia entre el ser humano y el lobo.
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