El funcionario gasteiztarra Luis Mari Gilete, de 41 años, ha publicado su primer libro, Proyecto Ecos, una novela psicológica que analiza con detalle y naturalidad el lado oculto de la salud mental del ser humano. El trabajo puede ser adquirido a través de Amazon y supone una “critica a la sociedad que no dedica la suficiente atención a la salud mental”.
Gilete entremezcla en su narración a ocho personajes que han vivido sus experiencias y que cuentan sus historias. El autor considera su trabajo “como una crítica y también como una herida abierta. Este libro no nació de la rabia, y del corazón: de la necesidad de poner palabras donde tantas veces solo queda un nudo en la garganta. La verdad que nadie quiere escuchar es que cuando alguien se rompe, no vuelve a ser el mismo ya que no mira igual, no camina igual, no percibe el mundo igual, no confía igual, no ama igual; no duerme igual; no respira igual, no hay redención mágica y solo queda aprender a existir con las grietas mientras el mundo exige que tengas la piel perfecta”.
“Si algo espero de esta historia es que sirva para comprender lo que tantas bocas no se atreven a pronunciar: que el sufrimiento no es un capricho y la salud mental no es un lujo” destaca Luis Mari Gilete.
Un sistema que maquilla el dolor
A través de varios personajes -un psiquiatra agotado, una docente que pierde fragmentos de sí misma, un policía roto por el trauma, una madre al borde del abismo, un adolescente empujado hacia la oscuridad- la historia construye un duro retrato de un sistema que “dice curar, pero que a menudo solo clasifica, silencia y maquilla el dolor”.
Uno de esos protagonistas, Pablo, es un psicólogo vocacional que tras años de escuchar lo que nadie quiere oír, intenta crear un grupo terapéutico que dé voz a quienes ya no pueden sostenerse. Pero mientras los pacientes se quiebran uno a uno, él también empieza a desmoronarse.
Las huellas de la depresión
Gilete explica que hace años cayó en una depresión profunda “que te apaga por dentro, de esas que convierten cada día en un pasillo oscuro, sin ventanas, sin salida, y lo peor de todo es que no la vi venir, un día simplemente dejé de reconocerme, dejé de tener ganas, dejé de ser yo. Salir de ahí me costó todo, y no solo a mí, tiempo, esfuerzo, lágrimas… y partes de mí que jamás recuperé”.
“No fue rápido, no fue bonito, fue un camino lleno de recaídas, silencios incómodos, noches eternas y pequeñas victorias que nadie veía, porque sí, salí, con ayuda y fuerza de voluntad se sale, y yo tuve siempre una mano a la que aferrarme, pero nunca se vuelve a ser el mismo” insiste.
Una vida adelante
“Esta historia habla de personas rotas que intentan sostenerse, de adultos que buscan al niño que fueron, de ecos que no desaparecen hasta que por fin los miras de frente, esta historia te va a tocar justo donde no quieres que te toquen: en el niño roto, en el adulto cansado, en la sombra que arrastras y cargas como si fuera tuya… cuando nunca debió serlo; Proyecto Ecos habla de heridas que no se ven, de dolores que no se nombran y de vidas que siguen adelante, aunque estén rotas por dentro”, relata Gilete.
El autor comenta que no ha escrito esta novela «para dar lecciones ni para decir cómo sanar. Sé lo que es sentir que el mundo sigue -explica- mientras tú te quedas atrás. La escribí para quienes alguna vez perdieron el brillo, la fuerza, el rumbo. Aquí no hay frases bonitas y sí verdad, cruda, real, de la que duele, pero despierta. No es una novela de autoayuda, es una novela de verdad emocional, un refugio para quienes alguna vez sintieron que se estaban desvaneciendo sin que nadie lo notara, un abrazo para quienes aprendieron a fingir que estaban bien, una mano tendida para aquellos que todavía cargan silencios que pesan demasiado”.
“Si alguna vez te sentiste roto, perdido, invisible y tuviste que reinventarte para sobrevivir, si fuiste tú quien cambió en los detalles y buscaste respuestas que no aparecían, y si deseaste que alguien entendiera lo que ni tú podías explicar…entonces esta historia es para ti, porque no sanas cuando quieres, sanas cuando entiendes tu herida”, concluye el autor.
FOTOGRAFÍA: Cedida


