Aunque la imagen más simbólica de la Provenza es la de los viñedos, campos de lavanda y pequeños pueblos con encanto del interior de esta región del sureste francés, si bajamos hacia el mar nos encontraremos con la más pura esencia mediterránea; con una costa abrupta de altísimos acantilados, verdes pinares y un mar añil y turquesa cuya belleza está a la altura de la de las riberas croatas, sardas, griegas o menorquinas.
Los mencionados e icónicos campos de lavanda eclipsan, sin embargo, a esta puerta de entrada a la Costa Azul que no nos pilla tan lejos como puede parecer. Son unas nueve horas de coche las que separan Araba del destino que os proponemos hoy, y que aunque da para muchas y variadas excursiones, vamos a concretar en una, una de las más espectaculares.
La Ruta de las Crestas
Vamos a ir de Cassis a La Ciotat por la Ruta de las Crestas, un paseo en coche de apenas 15 kilómetros en el que haremos como mínimo cuatro paradas para disfrutar de la vista desde de los acantilados más altos de Europa. Esta Route des Crêtes, la carretera D141, bordea el macizo del Cap Canaille, una mole de roca caliza y ocre que cae a plomo sobre el mar.

Punto de partida: Cassis y el ascenso
La ruta comienza a las afueras del pequeño pueblo marinero de Cassis. Merece la pena darse una vuelta por su Vieux Port, rodeado de casas de colores pastel y terrazas en las que se sirven vinos locales y platos de pescado fresco.

La carretera asciende rápidamente dejando atrás viñedos y pinares. El trazado gana altura de manera constante y, en apenas unos minutos, aparecen los primeros miradores hacia las Calanques y la costa de Marsella, al oeste.
El Cap Canaille y sus belvédères
El Cap Canaille acaba de golpe en un acantilado de 394 metros de altura máxima sobre el mar, y a lo largo del recorrido en coche, varios miradores señalizados con aparcamiento, los belvédères, permiten detenerse sin prisas:
- Belvédère du Pas de la Colle: primeras vistas amplias sobre Cassis y las Calanques.
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Belvédère de la Grande Tête: uno de los puntos más altos, a 399 metros, con una panorámica espectacular hacia La Ciotat y el macizo de la Sainte-Baume tierra adentro.
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Belvédère du Cap Canaille: el más emblemático, un balcón sobre un abismo que se precipita directamente al Mediterráneo. Desde aquí se entiende la magnitud del acantilado.
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Belvédère de Soubeyranes: otro punto destacado, con vistas hacia el este y las formaciones rocosas que anticipan la llegada a La Ciotat.

Según la hora a la que visitemos la zona veremos un espectáculo completamente diferente. Hemos optado por hacer la ruta a mediodía, cuando los colores del mar y el cielo de esta despejada jornada son más intensos.

La carretera
El trazado es sinuoso, con curvas cerradas y pendientes pronunciadas, pero está bien asfaltado y señalizado, y en todo caso circularemos despacio, no solo por las curvas, sino porque cada pocos centenares de metros nos encontraremos un nuevo mirador.

Precauciones y condiciones
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Viento Mistral: en jornadas de viento fuerte, la carretera puede cerrarse por seguridad. Conviene informarse antes de iniciar el trayecto.
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Horario: está abierta durante el día; de noche suele cerrarse al tráfico.
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Duración: sin detenerse, la ruta se recorre en menos de media hora, pero lo recomendable es dedicar al menos una hora para parar en varios miradores.
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Actividades: además de conducir, la zona es muy frecuentada por ciclistas y senderistas que recorren tramos del macizo.
Llegada a La Ciotat
El descenso hacia La Ciotat abre un nuevo panorama: el golfo se despliega con sus playas, la isla Verde y el Parc du Mugel. Es esta una población con un carácter muy distinto al recogimiento de Cassis, más grande y bulliciosa.


Aquí, en 1895, los hermanos Lumière rodaron y proyectaron algunas de las primeras películas de la historia. El Eden Théâtre, reconocido como el cine más antiguo del mundo, sigue abierto como sala y espacio cultural. El puerto viejo, escenario de aquel histórico rodaje, conserva todavía el ambiente de pueblo pesquero con barcas tradicionales.
FOTOGRAFÍA: Txus Díez



