Han pasado ya dos años desde que Solaria irrumpió con fuerza en Araba. Lejos de parecer que el conflicto ha terminado, la realidad demuestra que ha entrado en una nueva fase: la judicial.
En un goteo constante, la empresa está presentando recursos contencioso-administrativos relacionados con las plantas fotovoltaicas proyectadas en Álava. A fecha de publicación de este artículo, ya son trece los procedimientos iniciados. Una estrategia que evidencia que, pese al rechazo social que han encontrado todos sus proyectos, Solaria no ha abandonado sus planes para el territorio.
Y no solo eso. Dos años después del inicio de este conflicto, la compañía ha vuelto a la carga con la presentación de tres nuevos proyectos que forman parte del mismo conjunto de 29 parques fotovoltaicos asociados a la línea de evacuación que atravesaría Zuia. Un recordatorio de que la amenaza sigue presente y de que el modelo de ocupación del territorio que plantea la empresa continúa sobre la mesa.
Precisamente para mantener viva esa memoria colectiva y reivindicar la defensa del entorno, vecinos y vecinas de Zuia organizaron este sábado, dentro de la programación festiva del municipio, una marcha montañera entre Bitoriano y el Santuario de Oro. La jornada fue mucho más que un recorrido por la montaña. Fue un encuentro entre generaciones, una celebración de la comunidad y una demostración de que la defensa del territorio sigue teniendo raíces profundas en el valle.

A lo largo del camino, las conversaciones, las risas y los recuerdos compartidos fueron tejiendo una imagen clara: frente a quienes ven el territorio como un espacio por explotar, existe un pueblo que lo siente como un legado que cuidar. La marcha sirvió para disfrutar de un entorno privilegiado, pero también para reafirmar un compromiso colectivo con su futuro.
A la llegada al Santuario de Oro, el grupo de baile Hamaika Dantza Taldea recibió a las personas participantes con una actuación cargada de simbolismo. Desde la cultura y la expresión artística, visibilizaron la problemática que vive el municipio y, al mismo tiempo, reivindicaron la identidad de una comunidad que se niega a ser espectadora de las decisiones que afectan a su tierra. Porque defender el territorio también es defender la memoria, la cultura y la forma de vida que lo habita.

Solaria no se ha ido, ha cambiado de estrategia. Ahora la batalla se libra en los tribunales, pero conviene no olvidar que todo empezó a puerta cerrada, en despachos alejados de la ciudadanía. Fue allí donde se diseñaron unos proyectos que pretenden transformar el territorio sin contar con quienes viven en él. Y fue precisamente por ello, que la ciudadanía respondió.
Dos años después, la lección sigue siendo la misma. Los proyectos podrán cambiar de nombre, las estrategias podrán trasladarse de los despachos a los juzgados, pero la mayor fortaleza de Zuia no reside solo en recursos administrativos o sentencias judiciales. Reside en su gente, en su capacidad de organizarse, de informarse, de llenar plazas y montes, de caminar junta siempre que el territorio lo ha necesitado. Y es que mientras esta voluntad de defender aquello que aman continúe, su identidad permanecerá intacta.
Zuia Bidean.


