La Rioja Alavesa es un hervidero de actividad en estas semanas en las que se recoge el fruto del trabajo de todo un año, un ejercicio marcado por la humedad, el mildiu, las temperaturas extremas y la piedra, en un contexto de precios bajos, bajada del consumo del vino a nivel mundial e incertidumbre en los mercados.
Estamos en plena vendimia, y jóvenes agricultores como Urko Amurrio y Joseba García Quintana, (en la imagen, Urko lleva un buzo azul y Joseba una sudadera blanca. Están con Iñigo Echevarría e Izaskun Orive, que junto a Daniel Teso dirigen AidTec) está en plena faena. Ambos son de Labastida y dirigen la cosecha en sus fincas con el objetivo, como cada año, de hacer el mejor vino posible sean cuales las circunstancias. En esta ocasión, sin embargo, cuentan con una nueva herramienta para optimizar sus cosechas. Ambos han instalado en sus los sensores de AidTec Solutions, la firma alavesa que ha desarrollado estos dispositivos que monitorizan el estado del suelo y la planta para aplicar cada medida y cada tratamiento en el momento preciso. Se trata de hacer lo que siempre se ha hecho de oído, solo que ahora la experiencia y el saber hacer del campo cuentan con el respaldo de los datos.
Ambos nos cuentan cómo este año las cosas han empezado a cambiar.

Antes de la vendimia
Urko, de 35 años, trabaja una decena de hectáreas en Labastida y San Vicente, y nos explica que en este primer año de monitorización de sus fincas están en una fase de “prueba y error”, pero aunque el sensor “todavía se está desarrollando, no está fino”, su potencial les ha hecho pensar en “mil cosas” que se pueden hacer con esta herramienta. “Podemos controlar la maduración, vamos recogiendo la cantidad de vegetación que hay, la cantidad de agua, vamos recogiendo todo”, señala. Por ejemplo, este año vieron que “todas las condiciones que se daban eran óptimas para que se desarrollase el mildiu, y la prueba de que el sensor funciona es que las viñas está salvadas; si no conseguías librar la primera fase ya te daba igual la última, porque ya no quedaban uvas, la cosa es que hemos conseguido sacarlo adelante. El sensor no detecta al 100% los nutrientes, pero los detecta. Hemos hecho pruebas echando puños en injertos y hemos visto que en cuestión de días empiezan a subir los valores”, explica.
“Podemos controlar la maduración, vamos recogiendo la cantidad de vegetación que hay, la cantidad de agua, vamos recogiendo todo”
Este año empezaron a podar en enero, y su idea ahora es ir viendo, año a año, “ver si es interesante empezar a abonar en enero o febrero, si realmente lo usa la planta o lo estamos tirando”.
Así pues, tras la poda de enero tocaba triturar sarmientos -el sensor dirá si esta operación aporta nutrientes o no-, “y ya pasamos a la brotación, en mayo. Entre medias hacemos labores de labranza, luego nos centramos en espergurar y controlar la vegetación, y ya llegamos a la vendimia”, el momento actual. En cuanto a la cosecha en verde, Urko ha realizado clareos en algunas parcelas, y en el futuro confía en poder utilizar el sensor para “buscar el equilibrio, que sea algo natural, no manual, que la planta se autorregule. Igual en un sitio hay que labrar, en otro dejar cubierta vegetal, tenemos que ir cogiendo datos de distintas zonas. Hemos puesto sensores en la parte baja del pueblo, en tierras con piedra, arenas fuertes y en lo más alto de Labastida, lo estamos controlando por todas partes”. Urko y Joseba coinciden en que “va a haber ver tantos datos que vas a saber con antelación cómo va a ser la uva, y eso para el enólogo va a ser un puntazo”.
“Va a haber tantos datos, que vas a saber con antelación cómo va a ser la uva, y eso para el enólogo va a ser un puntazo”
Después de la vendimia
Joseba García Quintana tiene 28 años y se mueve entre las cepas desde que era un niño. En 2020 decidió, junto a su hermano, lanzarse también a hacer vino, y ambos fundaron la bodega Área Pequeña, con una veintena de hectáreas. “El vino lo empiezas a hacer desde que terminas de vendimiar. Nos gusta tener buena materia prima, que es la clave. Luego en bodega hay mil formas de trabajar, nosotros intentamos hacer todo de la manera más espontánea posible, porque aquí tenemos muy buenas condiciones y no hace falta añadir nada”, explica.

«El vino lo empiezas a hacer desde que terminas de vendimiar. Nos gusta tener buena materia prima»
Una vez concluida la vendimia, en Área Pequeña empiezan a elaborar su vino de alta gama pisando la mitad de la uva. Luego despalillan el resto, le meten más o menos raspón, “en función del vino que quieras hacer o de si ha habido más o menos sequía”, y dejan que fermente.
El siguiente paso es meterle al producto “un prensado muy ligero”, lo dejan reposar tres o cuatro meses en un depósito de acero inoxidable y luego va a un fudre (una gran barrica de madera) de unos 1.500 litros, lo catan cada dos o tres meses, y tras unos 18 meses en el fudre pasa otros cinco en un depósito de hormigón, “para que pula todos los taninos y se envuelva mucho más el vino”. En este tiempo se van realizando pequeñas correcciones, “las mínimas posibles, para tenerlo en su punto y que al consumidor no se le pique una botella”; se le hace “un filtrado muy ligero”, se embotella y se deja reposar cuatro o cinco meses. “Desde que lo vendimiamos hasta que sale al mercado pasan casi dos años”, afirma.
La ayuda de AidTec en la bodega viene de la mano de los datos recogidos durante todo el año. “A mi me gusta mucho la añada del 21, si yo tengo todos los parámetros de ese año, aunque ahora la viña me pida deshojar, como en el 21 no deshojamos aunque me lo pida no lo vamos a hacer; es prueba y error. Ahora imagina que en el 25 salen unos vinos muy buenos, pues ya tenemos los datos para hilar lo más fino posible en años posteriores”, señala.
“Imagina que en el 25 salen unos vinos muy buenos, pues ya tenemos los datos para hilar lo más fino posible en años posteriores”
No es tanto clonar un vino que nos ha gustado mucho como poder crear familias, ramas inspiradas en los mejores vinos que han dado sus fincas. “Ahora nos podemos adelantar a lo que pueda venir, vas organizándote en bodega, añades más o menos raspón, vas jugando e hilando lo más fino posible, y eso, en vinos con muy pocas diferencias, te permite dar el salto a sacar mejores puntuaciones. En bodega te puede ayudar muchísimo”, asegura.
Joseba explica que hasta ahora han funcionado con la herencia que les han dejado sus antepasados, que hacían lo mismo que ellos, pero con herramientas mucho más limitadas. “Nosotros tenemos un cuaderno de nuestro abuelo; hace cincuenta años empezaron la vendimia el 24 de octubre, y este año el 8 de septiembre. Él apuntaba cuánto trataban, cuánto kilos cogían de cada viña. Son datos que nos ayudan”, afirma.
«Nosotros tenemos un cuaderno de nuestro abuelo; él apuntaba cuánto trataban, cuánto kilos cogían de cada viña. Son datos que nos ayudan»
En el futuro no habrá cuadernos, pero sí mucha más información con la que hacer el mejor vino posible. “Algún día había que empezar, lo ideal es que lleváramos muchos más años. Nuestros hijos se beneficiarán de todos estos datos”, concluye.
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