El día se presentaba frío gris y quizá eso echó para atrás a muchos de los habituales del día 31 de diciembre en el Gorbea, pero aunque quizá menos concurrida que en años anteriores, la cruz ha estado bien acompañada durante toda la mañana por cientos de personas que desde las dos vertientes han querido cumplir con la tradición.



La jornada se ha cerrado además sin incidentes reseñables y con premio. Más allá de la cota de los 1.300 metros las nubes dejaban paso a un cielo limpio y brillante sobre un mar blanco, un espectáculo para la vista en un día de poco viento aunque, eso sí, intenso frío.




Era el ambiente perfecto para los brindis con cava, los abrazos, las fotos y el hamaiketako en la ladera sur de la cima, donde muchas montañeras y montañeros han estrenado los senderos recién renovados por la Diputación, templados los rostros por el sol y reponiendo fuerzas para la bajada, y para un día al que todavía le quedaban muchas horas por exprimir.



FOTOGRAFÍA: Txus Díez



