Hilario Arbelaitz tenía desde hace años una espina clavada, kezka bat, en relación con el Valle Salado de Añana. Hace años desde la Fundación se le llamó para ofrecerle ser embajador de nuestra sal y, fiel a su política de no salir de la cocina de Zuberoa, tuvo que rechazar la invitación. Este lunes, 15 de junio de 2026, un Arbelaitz ya jubilado ha venido a Salinas para sacarse esa espinita y aceptar el encargo de divulgar la calidad de este producto milenario y la belleza del entorno en el que brota.



Medio siglo de la Nueva Cocina Vasca
“Siempre he defendido una cocina basada en el producto y en la honestidad. La Sal de Añana comparte esos mismos valores. Por eso recibo este reconocimiento con gratitud y con el convencimiento de que debemos seguir apoyando a quienes mantienen vivas nuestras raíces gastronómicas”, señalaba uno de los padres fundadores de la Nueva Cocina Vasca precisamente en el 50º aniversario del nacimiento de este movimiento que puso a Euskadi en lo alto del podio gastronómico mundial.

Arbelaitz, cuyo restaurante llegó a atesorar dos estrellas Michelin, se confesaba honrado y orgulloso de ser embajador de la sal de Añana, y más después de haber conocido su milenaria historia y de ver sobre el terreno cómo las y los salineros extraen, con ayuda del sol y mucho trabajo, un producto que hoy ya está en las mejores mesas y en las más distinguidas ferias gastronómicas, como señalaba el diputado general, Ramiro González. “El Valle Salado es un símbolo de cómo la conservación del patrimonio, la sostenibilidad y el saber hacer tradicional pueden generar desarrollo y proyectar nuestra identidad al mundo”, añadía el máximo responsable foral, en un acto que ha tenido como maestro de ceremonias al director gerente de la Fundación Valle Salado, Pablo de Oraá.


La perspectiva que dan 7.500 años de historia
De Oraá ha recordado que tanto Zuberoa, un caserío de 700 años, como las salinas, de las que el ser humano extrae sal desde hace 7.500, ya existían antes del descubrimiento de América, lo que da una perspectiva de las cosas diferente en esta era de la inmediatez y el consumo rápido. “Al igual que la cocina de Hilario Arbelaitz, el Valle Salado de Añana ha aprendido que las cosas verdaderamente importantes requieren tiempo, paciencia y cuidado. Nuestro objetivo no es ir más rápido, sino avanzar juntos y en la misma dirección para llegar más lejos. Esa ha sido la clave durante más de 7.500 años y es también la mejor garantía para que las salinas continúen vivas y produciendo Sal de Añana durante muchos siglos más”, ha señalado.


Hilario Arbelaitz se suma a una lista de grandes cocineros y cocineras reconocidos como embajadores de la Sal del Valle Salado de Añana, entre los que se encuentran Andoni Luis Aduriz, Bittor Arginzoniz, Joanna Artieda, Eneko Atxa, Martín Berasategui, Aitor Arregi, Diego Guerrero, Edorta Lamo, Francis Paniego, Joan Roca, Pedro Subijana, Óscar Velasco e Iñigo Murua y Carolina Sánchez, entre otros.
FOTOGRAFÍA: Txus Díez
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