Marta Bermúdez, Ziortza López Bueno y Paula Romero recurrieron al programa Gaztenek para poder dedicarse al campo. Ziortza dejó la hostelería cuando tuvo a sus hijos. Cuando volvió al mercado laboral lo hizo en la empresa de su marido, con el propósito de “darle un valor añadido” a la leche que producían en Respaldiza, y con la que hoy esta emprendedora de 45 años elabora en la quesería Soloitza productos como el queso azul Eskutxi, el mejor de Euskal Herria en 2022; el yogur natural o el queso fresco.
También venía del mundo de la hostelería Paula. Sin experiencia en el sector Primario, y a la vista del conocimiento que su marido, por trabajo, estaba adquiriendo en el mundo de las cervezas artesanas, decidió lanzarse a cultivar lúpulo, la materia prima con la que se elabora esta ancestral bebida. Gaditana de 30 años, Paula vive en Quintana, en la Montaña Alavesa, donde pusieron unas pocas plantas para probar “a ver qué tal se da aquí el lúpulo”. Se dio bien, y a la vista de que este es un cultivo casi inexistente en Álava, decidieron apostar por esta planta. Así nació Lúpulo de Kintana, premio Explorer Araba 2021 al mejor proyecto.
Marta, vecina de Lanciego de 39 años, sí es “hija y nieta de agricultores”, y aunque sus estudios no estaban relacionados con el campo, decidió formarse también en agricultura. Esos conocimientos adquiridos a lo largo de los años le animaron a tomar el mando de la explotación familiar cuando su madre se jubiló, a raíz de la pandemia, y partir de ahí se dedicó junto con su marido a la uva y la oliva.
El programa Gaztenek
Las tres recibieron el apoyo del programa Gaztenek para poner en marcha sus proyectos. A Marta se lo recomendó UAGA, y Paula recurrió a esta herramienta porque “necesitábamos algún tipo de financiación, algo para poder arrancar”. A la primera su proyecto no fue aceptado, pero “peleando, peleando y peleando” consiguió el apoyo para hacerlo viable. El marido y la cuñada de Ziortza ya estaban dentro del programa, y Ziortza se incorporó también a Gaztenek tutelada por la veterinaria de la cooperativa de servicios ganaderos Abere que trabajaba en su explotación.
Emprender en tiempos difíciles
Las tres han conseguido vivir del campo, a pesar de que el sector Primario vive tiempos difíciles. Ziortza explica que la ganadería, “en Ayala y en todas partes, está desapareciendo” por la falta de relevo generacional. “Vamos a sobrevivir de aquí a cinco años dos o tres explotaciones, porque la gente es muy reacia a quedarse”, señala. Su motivación para entrar a ese mundo del que otras personas quieren salir es, insiste, “dar un valor añadido a la leche transformándola, en vez de venderla a la industria”. “Es otra cosa, es algo diferente, es diversificación, estás transformando tu materia prima en un producto que va a ir al consumidor directamente, y bueno, te da una satisfacción diferente cuando te dicen que qué rico está tu yogur o tu queso”.

“Nosotros somos de ideas claras y queríamos apostar por ello”, dice Paula cuando se le pregunta por las incertidumbres del sector Primario. Tampoco hicieron las cosas a lo loco. “Somos personas que nos desenvolvemos bien, que buscamos mucha información, no hemos empezado de cero. Hemos estado en León, que es la cuna del lúpulo, y hemos estado hablando con los mayores productores de España, y cada vez que tengo alguna duda le llamo a un chico de allí y le digo: Ángel, que me pasa tal cosa, ¿qué puedo hacer?

Marta es emprendedora por partida doble. Ya tenía una empresa de decoración con globos y talleres infantiles cuando decidió seguir con la tradición familiar, con el vino y el aceite. No es un terreno de juego fácil. “Tenemos una crisis enorme, y aunque se están dando subvenciones y ayudas lo que queremos es vivir de nuestras explotaciones”, señala. “¿Qué van a hacer las grandes bodegas, comprarnos las explotaciones para que nosotros trabajemos para ellos? Yo no quiero llegar a eso, quiero pelear por lo mío”, asegura convencida.

La mujer en el campo
“Ha sido la gran silenciada, pero siempre ha estado ahí. Llevaba la casa, iba al campo, cuidaba de los hijos y trabajaba como uno más, y ahora es cuando estamos saliendo a la luz”, dice Marta cuando se le pregunta por el papel histórico de la mujer en el sector Primario que, gracias a su impulso, al de Ziortza o al de Paula, se va revirtiendo. “La verdad es que estamos unas cuantas”, explica la agricultora de Lanciego.
Ziortza también afirma que “la mujer siempre ha estado ahí, lo que pasa es que no se no se le veía, y ahora se va visibilizando. De hecho, en nuestra empresa de los tres socios dos somos mujeres”, explica.
“Todavía hay mucha gente que se sorprende cuando te ve manejando un tractor”, asegura Paula, que ve la necesidad de un cambio de paradigma más en el entorno, en la propia sociedad, que en las propias mujeres. “Cada uno, hombre o mujer, se puede meter en lo que le guste, y si a la mujer le gusta el campo, ¿por qué no se va a dedicar a ello”, se pregunta.
La importancia de la formación
Los tiempos han cambiado, las maneras de producir han cambiado, el clima ha cambiado y los mercados también. Por ello, la formación es fundamental para emprender en el campo, aunque en el caso de Paula, dado que el lúpulo apenas se cultiva en Euskadi, su puesta al día se ha basado en sus llamadas a León. “Hemos ido preguntando y aprendiendo por nosotros solos”, explica la vecina de Mendialdea.
Marta destaca que, en un negocio como el suyo, estar al día es vital. “Estamos siempre formándonos y seguimos año a año porque también las cosas van cambiando. La uva ya no viene igual que antes, y aunque este año hemos tenido un fruto excelente, luego en la bodega también hay complicaciones, cosas que antes no se sabían y que ahora, gracias a los estudios que hay, nos es más fácil detectar”.
“Antes las cosas se sabían hacer, pero no se sabía por qué”, explica Ziortza, que mientras ponía en marcha la quesería dentro de Gaztenek no paró de formarse. “Y también -destaca-, es súper importante conocer a otra gente que está en nuestra misma situación, para compartir problemas, beneficios, todo… Es indispensable.
Apoyo institucional
En relación a cuáles son los principales ámbitos en los que las administraciones deberían apoyar a las mujeres que empiezan con un negocio en el campo, Ziortza destaca “la conciliación”, pero también pide un esfuerzo general hacia la empresa familiar, pues “la industria quiere deshacerse de los pequeños”.
Paula apuesta por la formación y el acompañamiento, más allá incluso de la puesta en marcha del negocio. “En la mayoría de los programas arrancas, haces el plan de empresa y ya te sueltan y tú te apañas, pero te pueden surgir problemas que no sabes gestionar sola”, advierte.
Marta, más allá de hablar de una cuestión en concreto, pide a las administraciones “que se pongan en nuestro lugar. No es lo mismo un cerealista, que un viticultor o que un ganadero. Es importante que conozcan nuestro día a día”.
Ellas siguen adelante con sus proyectos, y enseñan orgullosas sus explotaciones a quienes quieren conocer de dónde vienen los alimentos porque, aseguran, esa es la mejor forma de convencer al consumidor de que compre producto local. “Ahora voy a tener una visita de la EHU, que van a venir a ver la instalación”, explica Paula, que además de producir el lúpulo para cerveza elabora jabones con el producto de su trabajo, al igual que Marta con las aceitunas. El aceite de sus olivas ganó un concurso internacional y hoy día se comercializa bajo el sello Eusko Label. “Yo tengo calados de más de cinco siglos, y cuando le enseñas a la gente todo eso y cómo se hacen las cosas lo valora más”, afirma con respecto a las visitas que recibe en Lanciego. “Por mucho que se lo digas, cuando la gente lo ve es cuando lo puede entender. Es la mejor publicidad”, concluye Ziortza.
FOTOGRAFÍA: Txus Díez



