Joseba Vivanco está al frente de un municipio, Artziniega, cuyo patrimonio arquitectónico, histórico y natural es un diamante en bruto desde el punto de vista del turismo sostenible. En un valle azotado por una importante crisis industrial, el turismo puede ser una fuente alternativa de recursos para sostener unos servicios cada vez más costosos y hacer del pueblo un lugar atractivo para la gente joven.
La recuperación del Hotel Torre es uno de los proyectos centrales del municipio en materia de turismo. ¿Cómo va el proceso de licitación?
Ya hemos recibido la obra y hora queremos licitar lo antes posible, a poder ser antes de final de año, como hotel, pero estamos abiertos a que quien oferte lo haga también con un planteamiento de restaurante o de bar. Esto forma parte de la apuesta que desde la Legislatura pasada ya hicimos con el turismo. Somos un pueblo con atractivo, pero que geográficamente estamos donde estamos y tenemos que hacernos ver. Cada vez viene más gente a visitarnos, incluso entre semana, pero nos faltan los servicios; nos falta donde comer, donde quedarse y una de las apuestas era este hotel. Ese edificio es municipal, una torre medieval con entre 8 y 10 habitaciones, algo bastante adecuado para Artziniega. Creemos que puede tener una buena salida, y es un servicio estratégico porque aquí hasta apenas tres años no había ni un agroturismo.
La ventaja que tienen es que aquí se dan todas las condiciones para impulsar un turismo de calidad.
Artziniega tiene un potencial que todo el mundo reconoce, pero geográficamente estamos donde estamos. Dependemos de una comarca, Aiaraldea, que también está por explotar turísticamente. Se ha creado recientemente la asociación de la Ruta del Txakoli, pero tenemos que trabajar en los servicios, porque hasta ahora ofertamos una comarca y luego cuando viene la gente no tenemos servicios que ofrecerle. No es solo lo que tienes, es explicar dónde y cómo, si está accesible… Vamos a ver si también con esa nueva asociación se empiezan a poner los mimbres para para potenciar todo eso. Y por otro lado, estamos también en una línea entre Balmaseda y Orduña, ciudad y villa vizcaínas también con cascos históricos importantes, y eso a mucha gente le gusta. Ese es nuestro atractivo, no solo la naturaleza: somos un municipio de menos de 2.000 habitantes con tres museos, un casco histórico, un santuario, mucho patrimonio y mucha cultura.

Acaban de abrir la nueva casa de cultura. ¿Qué supone esta infraestructura para la vida social del municipio?
Ahora estamos poco a poco dándole funcionamiento; ya han empezado los cursos municipales, y en breve se trasladarán la biblioteca y el gazteleku. Era otra de las necesidades que tenía Artziniega y ya está en marcha, esperemos que para muchos muchos años. Uno de los nuevos servicios que va a tener la Kulturetxea es un espacio de coworking, algo que nos demandaba, no solo la gente del pueblo, que quiere tener un espacio para teletrabajar, también ha pasado a ser ya una oferta turística para toda esa gente que viene a quedarse aquí un día o dos días o que viene en autocaravana. Ofrecer la posibilidad de compaginar turismo y trabajo es interesante porque a nivel de Araba, al margen de Kuartango, la oferta se centraliza en Gasteiz.

¿Cómo llevan en Artziniega la cuestión de la vivienda?
Estamos en la redacción del nuevo Plan General de Ordenación Urbana. El actual contempla la posibilidad de construir cerca de 300 nuevas viviendas, pero es que el antiguo hablaba de 600 y prácticamente no se ha hecho nada, salvo una zona que se ha urbanizado para viviendas unifamiliares. Como Ayuntamiento tenemos suelo público, pero tampoco ha habido mucha iniciativa privada; y en cuanto al alquiler tampoco es que Artziniega sea barato, estamos hablando de entre los 500 o 600 euros mensuales. Esperamos que antes de acabar el año tengamos alguna buena noticia por parte de Gobierno Vasco para poder llevar a cabo la primera promoción de vivienda pública en el municipio. El Ayuntamiento les cedería el suelo y se llevaría a cabo en la siguiente legislatura. Además, hemos aprovechado la nueva línea de ayudas y subvenciones que ha sacado la Diputación para la compra de edificios y su rehabilitación; hemos propuesto la compra de un edificio que, en caso de salir adelante, a lo mejor nos da pie a construir vivienda pública dentro del propio casco histórico.
«Esperamos que antes de acabar el año tengamos alguna buena noticia por parte de Gobierno Vasco para poder llevar a cabo la primera promoción de vivienda pública en el municipio»
¿Se les va la gente joven fuera?
Afortunadamente a la gente le gusta quedarse aquí a vivir y siempre intenta encontrar algo, pero claro, tenemos esa franja de los 20 a los 30 años, cuando empieza a emanciparse y tiene que decidir si quedarse en Artziniega o irse a otro sitio. A ver si es posible que en los próximos años podamos dar esa oferta de vivienda que hasta nada era impensable. Sería un logro importantísimo. Aunque estamos en una zona rural el primer sector es muy residual; la gente trabaja sobre todo en la industria de la comarca, y también en el sector servicios o la administración, ya en la zona del Gran Bilbao. La mayoría de la gente joven está trabajando, y aunque cuando miras los datos de renta por municipios no estamos en el top ten ni mucho menos, sí es un sitio en el que a la gente le gusta quedarse. De hecho la base de nuestra pirámide de población es ancha, hay mucha población infantil en Artziniega. Eso ocurre porque aunque luego se reduce en esa franja de 20 a 30 en la que hay que buscarse las alubias, a la gente le gusta volver, asentarse y formar la familia aquí. Este es un sitio en el que criar a los hijos es fácil. A veces decimos que se crían solos.
«A la gente joven le gusta volver, asentarse y formar la familia aquí; este es un sitio en el que criar a los hijos es fácil»

No solo hay que facilitar el acceso a la vivienda. El año pasado Artziniega se quedaron sin cartero y el pueblo peleó hasta recuperarlo. ¿Qué se aprendió de todo aquel proceso?
El año pasado coincidieron una serie de hechos. Por un lado se había jubilado el cartero que venía desde hace un montón de años y Correos no iba a sustituirlo; eso ponía en peligro la plaza fija. Eso se juntó con problemas en la dirección del colegio; Educación había reducido horas para que la dirección las dedicara a diferentes materias, y coincidió también con el problema generalizado de los ambulatorios, la reducción de horarios, sobre todo en verano. Visto todo eso, dimos el paso de tratar de movilizar a la gente y trabajar en diferentes ámbitos. Estuvimos con Educación, lo peleamos y no tuvimos resultados, pero este curso han vuelto a otorgarles las horas necesarias para poder funcionar. En el tema de Correos sí que fue una cosa que creo que fue un poco ejemplo. Fue el Ayuntamiento el que tiró del carro, aunque queríamos que fuera la ciudadanía la que lo hiciera. No nos gusta que la gente dependa de lo que haga su ayuntamiento, pero bueno, se demostró a veces cuando peleas tienes resultados. Enviamos a Correos, a Madrid, un montón de firmas de la gente del pueblo, les mandamos doscientas y pico cartas, y con toda esa publicidad que le dimos al tema recularon. Hoy es el día en que tenemos la oficina y tenemos de nuevo la plaza.
¿Les perjudica a la hora de contar con buenos servicios el hecho de estar al final del territorio, en la muga con Burgos y Bizkaia?
Yo creo que es más que Artziniega, es a nivel comarcal. Yo a veces digo que para Gasteiz parece que Álava se acaba en Altube. Aiaraldea tiene un gran peso económico y poblacional, con la segunda ciudad del territorio, y la apuesta de Álava, de Vitoria, de la Diputación, por Aiaraldea, no se corresponde con ese peso. Lo estamos viendo en materia industrial, o en su momento con las infraestructuras hidráulicas. Ahora nos van a presentar un plan industrial para Aiaraldea, pero da la impresión de que todo llega tarde, y no termina de traducirse en nada. Sigue el goteo de cierre de empresas y no se ha hecho un análisis, ni siquiera desde la propia Aiaraldea. Los ayuntamientos y los diferentes agentes no hemos reflexionado sobre qué comarca queremos. Es una zona con un gran peso industrial que se centra en el acero y el vidrio, que están teniendo muchos problemas, y a lo mejor hay que reconvertirse en los próximos años hacia otra cosa. Las Encartaciones, a partir de los planes de su propia Diputación, está perdiendo su peso industrial y se está convirtiendo en una zona de servicios y de turismo, de ocio. O igual hay que tirar por otro sitio industrialmente, pero al final no se hace esa reflexión e invertimos veintipico millones que no sabemos ni dónde han ido, ni dónde han dejado de ir, ni dónde están. Yo siempre digo que entiendo que hay alguien pensando las cosas, aunque sea metido en un sótano, pero acabas dándote cuenta de que nadie está pensando; y los ayuntamientos ya tenemos nuestros propios problemas. Es verdad que se ha creado ahora una federación de empresas de la comarca a las que les unen objetivos comunes, que podrán hacer más fuerza y reivindicar ese peso industrial de Aiaraldea.
«Aiaraldea tiene un gran peso económico y poblacional, pero parece que para Gasteiz Álava se acaba en Altube»
Dice que los ayuntamientos tienen sus propios problemas. ¿Habla, por ejemplo, de la financiación municipal?
En Artziniega no llegamos a los 2.000 habitantes, pero la gestión administrativa que tenemos es brutal, y además van cambiando las cosas. Las cuestiones a las que hace quince años, o veinte, no se le prestaba interés, hoy son primordiales. Antes nadie tenía en cuenta en las obras el tema energético, y hoy es fundamental. La igualdad era lo que era, pero es que hoy es clave. La accesibilidad, la inmigración… Son nuevos temas y la financiación de los ayuntamientos es la que es. Esa es una queja recurrente, el dinero no da para todo. Tratamos de mejorar, pero si quieres un teatro pues te tienes que ir a Amurrio; y si quieres una piscina climatizada, pues te bajas a Sodupe. Aquí ya tenemos una actividad cultural y de actividades muy potente, gracias al esfuerzo personal y humano de todo el mundo. El Mercado Medieval de Artziniega es el primero que se hizo en el País Vasco y se sigue haciendo 25 años después, sigue siendo de lo mejor que hay, y nos hemos gastado 22.000 euros este año, cuando en un mercado medieval cualquiera se están dejando un pastón. ¿Por qué? Porque aquí colabora todo el mundo.
¿De qué presupuesto disponen?
Funcionamos con un presupuesto de dos millones y pico, cuando hay municipios iguales que el nuestro y tienen presupuestos de cuatro millones o cinco, porque tienen un peso industrial mayor o por lo que sea. Aquí pues no tenemos industria, hemos hecho algún aprovechamiento forestal ahora que nos ha dado ingresos, pero son puntuales, y el resto, los impuestos y la financiación del FOFEL. Punto. Y casi la mitad del presupuesto se va a personal. Ahora nos hemos dotado de un técnico de Administración General que no teníamos, y necesitaríamos un policía municipal, pero no tenemos esa capacidad. La Kultur Etxea ha costado un 1,6 millones; y 1,5 los hemos pagado con subvenciones. En la obra del hotel, prácticamente los trecientos y pico mil euros los hemos conseguido con subvenciones. Gestionamos a base de subvenciones, sino sería imposible afrontar esos gastos. Afortunadamente es un ayuntamiento saneado. Jamás, no ahora, sino antes tampoco con los anteriores gobiernos, Artziniega ha pedido un crédito.
«Afortunadamente, este es un ayuntamiento saneado. Jamás, no ahora, sino antes tampoco con los anteriores gobiernos, Artziniega ha pedido un crédito»
Y se tiene que encargar además, de los pueblos del municipio, porque Artziniega es uno de los pocos ayuntamientos alaveses son concejos. ¿Les supone un poblema añadido?
Históricamente no tenemos juntas administrativas ni concejos, pero esos pueblos no dejan de ser barrios en los que tampoco vive tanta población, y tienen los servicios aquí en el núcleo. Nos apañamos bien. Sí es verdad que tenemos el problema de que nuestros pueblos no pueden pedir ayudas, como los concejos, pero hace ya algunos años que la Diputación tuvo en cuenta esa realidad y lo compensa. En el caso de, por ejemplo, el Plan Foral de Obras y Servicios, pides dos obras por Ayuntamiento, y luego las juntas administrativas pueden pedir cada una la suya. En nuestro caso se nos permite solicitar una obra más para alguno de los barrios.
Es usted un alcalde muy activo en las redes sociales. ¿Se refleja eso luego en la interacción con la ciudadanía?
En la oposición peleamos a muerte por que la gente supiera qué pasaba dentro del Ayuntamiento y se implicara. Hicimos mucha divulgación, hacíamos a la ciudadanía partícipe, informábamos. Conseguimos la Alcaldía y seguimos dando mucha información. Yo escribo mucho en Facebook y me sigue prácticamente todo el pueblo, y la gente me contesta. Yo soy nacido aquí; si vamos a subir la tasa de basuras prefiero decirlo, y si alguien contesta le explico que hay que pagar el coste del servicio por ley, y no me importa para nada. Cuando me paran en la calle les digo si tienen diez minutos y les explico las cosas. El problema de generar que la gente sea partícipe es que luego te va a obligar a ti a consultar, a preguntar, a decir por qué decides, a tener a esa gente informada y a que te conteste. Hemos hecho que la gente empiece a opinar, que sea un pueblo crítico. Igual dicen este tío no tiene ni idea, pero oye, saben lo que pasa. Nosotros lo hemos propiciado y es lo que estamos vendiendo, luego no te puedes quejar de que la gente te meta caña. Si es lo que querías aguantas ahí. Además, cuando venga otra corporación la gente le seguirá pidiendo cuentas, y si lo no hacen dirán oye, qué pasa que antes teníamos acceso a toda la información y ahora resulta que no. Se trata de que la gente no se quede en casa mirando a ver qué va en los presupuestos este año.
«Hemos propiciado la participación y es lo que estamos vendiendo, luego no te puedes quejar de que la gente te meta caña»
FOTOGRAFÍA: Txus Díez



