Asaltamos a June Molina escasas horas de coger el vuelo de regreso a Boston, donde esta alavesa de apenas 19 años cursa sus estudios. Asiste a Berklee, la escuela de música por excelencia, en la que está dando forma a un talento natural que ya demostró en la pasada edición del Aztarna Beltza Festival y que se empezó a forjar, hace más de una década, en Gorbeialdea, en la Escuela de Música de Urkabustaiz.
Empezaste a los cuatro años en el mundo de la música. ¿Cómo empezó esa relación? ¿Cómo te acercaste?
Me han contado que mi aita siempre quería que yo aprendiera música, porque decía que el que sabe música no se aburre, así que me apuntaron de muy pequeñita, y a mí me encantaba. Desde el principio ya me encantó todo, el solfeo, la teoría, todo era como muy guay. Con seis años empecé a tocar la flauta travesera, y hubo un punto de inflexión cuando me cambié de escuela y fui a Urkabustaiz; allí empecé a tocar un montón de instrumentos. Ya tocaba el piano de antes, pero empecé con la flauta, el piano, el violín, la guitarra… Lo cual no significa que los domine todos. Empecé a explorar un montón de instrumentos, y siempre me encantó cantar, pero no cantaba. Era un poco afición, hasta que me lo empecé a tomar en serio.
Y en todos estos años, ¿cómo te has ido convirtiendo musicalmente en quien eres hoy? No tanto por los instrumentos o la formación, sino por lo que has ido escuchando a lo largo de los años. ¿Qué te ha ido influenciando y qué te ha ido convirtiendo en quien eres hoy?
Una de mis influencias, por lo menos a nivel instrumental, siempre fue Yann Tiersen, que es el compositor de la banda sonora de Amélie. Con eso empecé a desarrollar una pasión por la música increíble, y en lo de cantar, cien por cien fue El Kanka. Empecé a escucharlo cuando tenía como doce años, me puse a cantar las canciones que me sabía, empecé a combinar guitarra y voz, y hasta hoy.
Y ahora mismo estás en Berklee, que es un poco la cuna de los estudios musicales modernos. ¿Cómo es la vida allí, por un lado en cuanto a la formación, y por otro en la convivencia con músicos de todo el mundo? A alguien que ama la música le debe llenar bastante estar allí.
Claro, por supuesto. Para mí fue un choque enorme, porque yo venía de aquí y nunca me había planteado dedicarme a la música como estudios, porque no había ido al conservatorio ni tenía estudios formales. Para mí era imposible pensar en eso, pero mi profesora de violín me dijo: “¿Por qué no te apuntas aquí?”. Yo pensé que no entraba ni de coña, pero me apunté, me cogieron. Llegué allí, y de cantar en mi habitación pasé a encontrarme con gente de todo el mundo. Yo no buscaba prestigio ni nada de eso, pero es una escuela súper prestigiosa y eso atrae a gente con bagajes muy distintos. Es un caldo de cultivo súper interesante, muy estimulante como músico y como una persona que ha vivido siempre en una burbujita pequeña. Luego tienes que acostumbrarte a estar allí, a hablar otro idioma… Es un choque cultural, pero es súper estimulante. Ves a gente que igual no es tan buena, y a otros que dices madre mía, y eso te empuja a mejorar y a intentar hacerlo cada vez mejor. Es toda una oportunidad, la verdad.
Allí estudias música de cine, pero también cantas, tocas varios instrumentos, compones… ¿De cara al futuro profesional en la música, te tira más un lado, te tira más otro?
Mi plan es ir a por las dos cosas. Siempre había pensado que una cosa quitaba a la otra, pero no, se complementan muy bien. Al final es todo música, es la misma industria. Mi plan es seguir una carrera en el mundo de la composición para cine, sobre todo; y además quiero volver aquí, porque el cine español me parece una industria en auge, con una calidad increíble y guiones brutales. Me gustaría hacerme un huequito. Y, aparte, seguir seguir haciendo mis canciones y cantar por ahí.
¿Estás trabajando en algún disco ahora?
Hay un plan de disco, pero a largo plazo. Ahora estoy pensando en grabar una live session cuando llegue a Boston, con la banda que tengo allí, de unas cuatro canciones.
¿Con qué formación sueles tocar?
Aquí, a pelo. Allí me junté con unos músicos: batería, violín, piano, guitarra y yo. Suena súper chulo. Nunca había llevado mis canciones a tocarlas con más gente y ha sido una pasada. Son musicazos y es un proyecto muy bonito.
Con ese tipo de banda y formación, ¿has pensado en algún estilo musical o de producción concretos?
Por ahora voy viendo. El proyecto son mis canciones, que siempre escribo desde el cantautor, porque cada cantautor es el suyo. No sabría decir un estilo concreto. Tengo muchas influencias.
Pero cuando te juntas con una banda en un local de ensayo, según con quién estés la cosa deriva hacia un sitio o hacia otro.
Creo que se crea un sonido bastante original, porque cada músico pone su trocito. El baterista es muy gospel, la violinista viene del gypsy jazz… Entre todos se crea algo muy especial.
Por último, en Boston has tenido la oportunidad de tratar con uno de los músicos y productores de más prestigio, que ha trajabado con Paco de Lucía, Wynton Marsallis, Serrat, Juan Luis Guerra, Alejandro Sanz, Alicia Keys, Enrique y Estrella Morente, José Mercé o Bebo Valdés. ¿Cómo ha sido la experiencia con Javier Limón? Se dice y se cuenta que a lo mejor en el futuro…
Ha sido mi mentor este cuatrimestre, he cogido clase con él y ha sido un apoyo muy grande. Es una persona súper dispuesta a ayudar. Se va de la universidad, pero me dijo que si necesitaba cualquier cosa le llamara. Me habló de producir una canción mía, pero no hay nada material todavía.
FOTOGRAFÍA: Donca



