En fecha tan señalada como la presente, y con el ánimo de echar la vista atrás para rescatar la figura de las mujeres alavesas que han logrado hacerse un hueco en la historia de este territorio, podríamos haber recurrido a diversos ejemplos.
Tenemos varias mujeres de familia noble que gestionaron ingentes patrimonios, se metieron en intrigas políticas y fueron referentes a los que los poderosos llamaban cuando precisaban de un arbitraje ecuánime y cabal, como María Sarmiento.
Tenemos incluso alguna alavesa ilustre que pasó a la posteridad y llegó a establecer su propio linaje a raíz del secuestro de un rey, más ni menos, como María Varona.
Las hay también guerrilleras, como Martina Ibaibarriaga, alavesa de Bilbao que alcanzó el grado de coronela en la Guerra de la Independencia; o mecenas culturales, como María Pilar de Acedo, Condesa de Echauz y marquesa de Montehermoso.
Sin embargo, dado que algunas de las mencionadas pudieron llegar a ser personas influyentes porque venían de buenas familias, y que otras han pasado a la historia por sus hechos de armas, preferimos fijarnos hoy, 8 de Marzo, en una persona más o menos humilde y que lejos de protagonizar épicas aventuras dedicó su vida a trabajar en algo ciertamente bonito, imprimir libros.
Impresora desde niña
Al igual que Ibaibarriaga era una alavesa de Bilbao, Manuela de Ezquerro y Sáenz de Chávarri lo era de Los Arcos, Navarra, donde nació en junio de 1687. Hija y hermana de impresores, Manuela se casó con un colega de oficio, Diego Revilla, enviudó y volvió a contraer nupcias con otro impresor, Bartolomé de Riesgo, con el que se traslada de Logroño a Gasteiz en 1722. Bartolomé fue designado primer impresor de Vitoria y Álava y suyo es, de hecho, el primer libro impreso en la ciudad del que se tiene constancia junto con otro, del mismo año 1722, de un tal Damián Cornejo. Según ha dejado escrito la investigadora María Eugenia López Varea, Manuela probablemente dominaba desde niña la preparación de tintas, limpieza de tipos o cosido de cuadernillos, pero en aquellos tiempos las tareas que desempeñaban las mujeres en este tipo de empresas familiares rara vez figuraban por escrito en lugar alguno, ni aun tratándose de una imprenta.
Regreso a Vitoria
Manuela rompió con este ostracismo. La pareja se trasladó a San Sebastián durante unos años y cuando nuestra protagonista regresó a Gasteiz se convierte en la primer mujer impresora de la ciudad, ya con todos los honores, pues desde el Pleno de Santa Catalina de noviembre de 1762 y durante más o menos un año, siendo diputado general Pedro Ortiz de Zárate y Guebara, firma en exclusiva sus trabajos, y curiosamente lo hace como Ezquerra, y no Ezquerro.
Manuela de Ezquerra, “una mujer impresora en el Antiguo Régimen, en pleno siglo XVIII, estuvo al frente de un taller y con su formación, su trabajo y su determinación contribuyó, con pie de imprenta propio, al desarrollo y a la historia de la imprenta en Vitoria y Álava”, destaca López Varea, doctora en Ciencias de la Documentación, licenciada en Geografía e Historia y máster en Gestión de la Documentación, Bibliotecas y Archivos, en su trabajo En Vitoria: En la Imprènta nueva de Doña Manuela de Ezquerra, Impressora de esta MN y ML Provincia de Alava,[1762-1763?].
FOTOGRAFÍA: Freepik



