British Sugar, propietaria de Azucarera, ha comunicado al sindicato UAGA que, a partir de la próxima campaña, el transporte de la remolacha hasta la fábrica de Toro correrá a cargo de los propios agricultores, que deberán asumir alrededor del 70% del coste.
Esta decisión llega después de que la empresa dejara de molturar remolacha en Miranda de Ebro y supone incumplir su compromiso de cubrir los gastos de transporte. Con este nuevo modelo, sumado a los bajos precios ofertados por la remolacha, cultivar este producto supondría pérdidas superiores a los 1.000 euros por hectárea, incluso contando con las ayudas vigentes.
Una «vergonzosa» salida del territorio alavés
Desde UAGA califican la situación de «vergonzosa», pues Azucarera ha recibido ayudas públicas durante años, y ahora «abandona a sus cultivadores y deslocaliza la producción, con las consecuencias que ello conlleva para el sector primario y el desarrollo rural”, denuncian desde el sindicato agrario.
British Sugar centra ahora su estrategia en la refinería de caña de azúcar, un proceso mucho menos exigente en términos ambientales y laborales, y que proviene de terceros países. La compañía también ha confirmado el cierre de la molturación en Jerez de la Frontera, consolidando su cambio de rumbo hacia la importación y refinado de caña.
Fin de una historia centenaria
La campaña 2025-2026, que acaba de comenzar, será la última en la que la remolacha alavesa se destine a Azucarera. Se cierra así un ciclo de más de un siglo de colaboración entre los agricultores del territorio y la industria azucarera.
La remolacha ha sido un cultivo estratégico en Álava, tanto por su adaptación a las condiciones del suelo como por su papel en la rotación de cultivos y el aprovechamiento de las infraestructuras de regadío, que ahora quedarán infrautilizadas.
Estos días se están produciendo los primeros arranques de esta última temporada y los resultados obtenidos en producción están muy por debajo del umbral de rentabilidad. Esto es debido a la siembra tardía de este año, unido a unas condiciones climatológicas adversas, con altas temperaturas diurnas y nocturnas en agosto. A ello hay que sumar que la eliminación de los neonicotinoides ha conllevado un aumento de tratamientos que no compensan su eficacia, con el incremento de costes de producción que supone.
Desde UAGA se trabaja en buscar alternativas viables para mantener la rentabilidad de las explotaciones. “Nuestro objetivo es sostener el tejido del sector primario, que es el que da vida a nuestros pueblos”, señala la organización agraria.
FOTOGRAFÍA: Txus Díez


