Un día, hace ya un tiempo, Melanie Hickman, tuvo un sueño. Un sueño de esos que se quedan fijados en la memoria, que no se diluyen cuando acaba la noche, que señalan un camino y una meta. Un año después llegó lo contrario, el insomnio. Su conciencia le decía que tenía que escribir un libro infantil en el que explicar a niñas y niños, pero también a las personas adultas, lo que surgió de aquel sueño, que debemos recuperar nuestra conexión con la Naturaleza, que en el fondo es lo mismo que conectar con nosotros mismos. Se sentó, y en apenas una hora nació The Whisper of the Hive / El Susurro de la Colmena.
El mensaje de las abejas
Esta es la historia. Un día un hombre llega a un pueblo y convence a sus habitantes de que compren un producto mágico para tener más cosechas con menos trabajo, pero como todo en esta vida tiene un precio, ese producto se cobraba en el sufrimiento de las abejas de Melissa, la protagonista del cuento, todos los beneficios que reportaba. Esas abejas ayudan a su dueña a librar una batalla interior para prescindir de recetas mágicas y darse cuenta de que la verdadera magia está en la propia Naturaleza, que cada año revive solo con la ayuda del sol y el agua.
«Es un mensaje muy profundo, si no tienes la sensibilidad suficiente puedes pensar que es un libro bonito y ya, pero lo que cuento es, a través de la abejas, cómo despertar el cambio dentro de nosotros mismos y de los demás, cómo trabajar más en comunidad y volver a conectar con la Naturaleza«, explica Melanie, creadora del proyecto Etérea Kripan, una plantación regenerativa en la que los viñedos de las bodegas Bhilar, cuya gestión comparte con su marido, David Sampedro, conviven con encinas truferas, forraje para sus caballos, lavanda y, sí, abejas. Fueron esas abejas, afirma, las que aparecieron en el sueño primigenio para divulgar su mensaje.

Inteligencia natural
«Es increíble cómo se comunican, para mi es magia; los científicos dicen que incluso pueden reconocer a la gente. Yo veo esta magia en toda la Naturaleza», explica Melanie, que no quiso en El susurro de la colmena fuera simplemente un libro. Se rodeó de tres colaboradoras para evitar el uso de la IA y hacer un trabajo «más humano», sin atajos. «Puse el proceso en marcha sin forzar nada, ya que sabía que sería mucho trabajo, pero las piezas fueron encajando casi por casualidad. La artista, una mujer francesa llamada Anne-Lise Yandell, visitó la bodega un día de forma completamente inesperada. Su marido trabaja en marketing y se enamoraron de nuestro trabajo en la tierra. Yo no sabía que ella era artista hasta que me escribió después». Por su parte, a Lissi Erwin, una neoyorkina que trabaja en el diseño de libros infantiles; Melanie la conoció en una videoconferencia, «al azar», y terminó formando parte de este proyecto.
Melanie es de Ohio, aunque lleva más de una década viviendo en Rioja Alavesa, y pese a hablar el español con fluidez quería transmitir con la mayor fidelidad posible sus reflexiones. Dado que sus hijos son trilingües, le hubiera gustado que el libro se hubiera publicado en inglés, castellano y euskera, pero quería que las traducciones fueran fieles al espíritu de lo que ella quería transmitir, sin recurrir a herramientas artificiales, y por ello de momento solo ha podido editar el libro en inglés y castellano. Yolanda Ortiz de Arri, una periodista que habla inglés y español a la perfección, ha sido la encargada de trasladar el mensaje de una lengua a la otra.
La conexión griega
El agricultor inicial del sueño de Melanie era un hombre. «Me tomé la libertad de cambiarlo, y ahí fue cuando la mitología griega empezó a entrar en la historia. Melissa, el nombre de la agricultora en el relato, en griego (Melissae) significa abeja». En la antigua Grecia se consideraba a las abejas mensajeras divinas o portadoras de sabiduría. «El nombre de la otra protagonista, la abeja reina, es Delphi», un nombre inspirado en el Oráculo de Delfos. «No me llevó horas nombrar a estos personajes; supongo que ya estaban en mi psique, ya que había leído mucho sobre la conexión humana y espiritual con las abejas, y fueron los primeros nombres que me vinieron a la mente», explica Melanie. «Fue más tarde -añade- cuando empecé a analizar verdaderamente el significado profundo de los nombres y decidí visitar los sitios antiguos una vez que el libro entró en imprenta, en Logroño».
En ese viaje a Grecia Melanie se ha reafirmado en el mensaje que quiere transmitir. «Una reconexión con nosotros mismos, con nuestra comunidad y con la tierra. Si miras las noticias, parece que todo a nuestro alrededor está fallando. Este es un recordatorio para escuchar lo bueno que hay dentro de nosotros, escuchar a la Naturaleza y apoyarnos los unos a los otros», concluye.
FOTOGRAFÍA: Txus Díez/Cedida




