La primera jornada de la 24ª edición del Azkena Rock Festival arrancó este jueves con la elegancia de los atxabaltarras Nhil y se cerró en las primeras horas de la madrugada con el colorido friki de The Adicts.
Fue este estreno del festival un suave transicionar desde el soul relajado rollo Motown hasta el punk inglés más ortodoxo, bajo un calor por momentos insoportable y con un elemento común a todas las bandas que siempre se agradece, porque para eso va al fin y al cabo la gente a Mendizabala: la entrega.
Soul para empezar
Nhil planteó un show tranquilo, perfecto para ir abriendo boca, caracterizado por una ejecución musical exquisita, una voz, la de Sara Alonso, tan dulce como potente, y una sección de vientos que señalaba el camino estilístico de estos primeros compases del festival.
Efectivamente, tocaba seguir con el soul, en este caso el de Robert Finley, que se hizo famoso a la edad en la que otros se jubilan y suplió en Vitoria las limitaciones que impone el paso del tiempo con las tablas sobre el escenario que también dan los años. Con referencias a su trabajo en los campos de algodón y un punto picantón, Finley se metió en el bolsillo al público en una jornada que ahora daba un giro ya menos sutil.
Pasamos al rock setentero
Dewolff pegó un trallazo de rock setentero que dejó sorprendido y traspuesto al respetable. Los neerlandeses agotaron hasta el último minuto que se les había concedido en la constreñida agenda festivalera, tirando de chuleta para brindar un euskal guiño más allá del clásico eskerikaskoaskena y, sobre todo, plenos de energía. Los coros y el hammond son la marca de la casa, en lo estrictamente musical, de una banda cuyo teclista, Robin Piso, se partía por la mitad para marcar los bajos con la izquierda, y no solo para cubrir el expediente, mientras llenaba el ambiente de psicodelia con la derecha.
De plato principal, rockabilly, stoner y garage punk
Iba la gente ya calentita al escenario principal para asistir a una de las citas fuertes de la jornada. Imelda May se mostró cómoda, se le notaba la complicidad con este festival y este público, y nos brindó lo que se esperaba de ella, una buena sesión de rockabilly guitarrero, a ratos cimentado sobre un bajo a púa, a ratos sobre el contrabajo.
Vuelta al otro lado. Empezamos en los sesenta, nos fuimos a los setenta, dimos dos pasos atrás hacia los cincuenta y ahora tocaba viajar a los ochenta, al metal punk hardcore stoner de Corrosion of Conformity. La veterana banda de Carolina del Norte se vació ante el público vitoriano en un concierto cargado de ganancia y acople. Ahora la noche derivaría por un nuevo derrotero.
Quien no haya escuchado a The Hives podría esperar una sesión de country relajado al verlos con sus trajes y sus tupés, pero no. Los suecos brindaron un show, en todos los sentidos del término, de punk ratonero divertidísimo, alegre y luminoso, también en todos los sentidos. Per Almqvist se ganó además el cariño de los “azkenitos” con su impecable castellano guiri y un salero que el tipo parecía venir más de Triana que del frío y pequeño pueblo sueco de Fagersta.
The Adicts cerraron esta primera noche en Mendizabala con su propuesta de punk inglés del de toda la vida en lo musical y colorido e histriónico en lo estético, y tras la obligada sesión de DJ el recinto echó la persiana a la espera de un fin de semana con más calor y decibelios.
FOTOGRAFÍA: Azkena Rock Festival ARF
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