Nueve proyectos de ocho municipios alaveses recibirán un total de 50.000 euros de la Diputación Foral de Álava para combatir la soledad no deseada, especialmente mediante iniciativas que favorezcan las relaciones vecinales, la participación comunitaria y el acompañamiento de las personas que se encuentran en situaciones de aislamiento. Las actuaciones se desarrollarán en Urkabustaiz, Iruraiz-Gauna, Berantevilla, Artziniega, Laguardia, Agurain, Amurrio y San Millán, con propuestas adaptadas a las necesidades de cada localidad.
El Instituto Foral de Bienestar Social (IFBS) ha resuelto la primera convocatoria de subvenciones destinada a ayuntamientos y cuadrillas dentro de la estrategia Araba a Punto, con la que la institución pretende reforzar las redes comunitarias de cuidado y facilitar que los propios municipios participen en la prevención, detección y atención de la soledad no deseada.
Los proyectos seleccionados abarcan desde actividades culturales y recuperación de la memoria colectiva hasta redes de voluntariado, programas intergeneracionales y espacios donde las personas mayores puedan reunirse y mantener relaciones sociales. Aunque las iniciativas presentan enfoques diferentes, todas comparten la intención de aprovechar los recursos y las relaciones existentes en los pueblos para identificar situaciones de aislamiento y ofrecer respuestas cercanas.
La resolución supone un primer paso en el desarrollo de una línea de ayudas que la Diputación puso en marcha en junio de 2026 con un presupuesto inicial de 100.000 euros. En esta primera adjudicación, los nueve proyectos seleccionados recibirán conjuntamente 50.000 euros.
Los nueve proyectos contra la soledad en los pueblos de Álava
La distribución territorial de las ayudas permite identificar distintas maneras de abordar la soledad no deseada según las características y necesidades de cada municipio.
En Iruraiz-Gauna, el programa Iruraiz-Gauna Zaintzen trabajará desde una perspectiva comunitaria, combinando actuaciones de prevención, detección e intervención. Su planteamiento busca que la identificación de situaciones de soledad no dependa exclusivamente de los servicios sociales, sino que pueda apoyarse también en las relaciones y recursos existentes en el entorno.
Artziniega desarrollará Artziniega Conecta: Comunidad y Cuidado, una iniciativa centrada en crear redes comunitarias y organizar actividades intergeneracionales. El objetivo es facilitar las relaciones entre personas de diferentes edades y fortalecer los vínculos sociales dentro del municipio.
En San Millán, el proyecto Donemiliaga Nagusi Biziak llevará actividades de encuentro y prevención a los distintos pueblos del término municipal. Esta distribución resulta especialmente relevante en un territorio formado por numerosos núcleos de población, donde las distancias y la dispersión pueden dificultar la participación habitual en actividades comunitarias.
Amurrio recibirá financiación para desarrollar un proyecto piloto destinado a estudiar la creación de espacios rurales de encuentro y convivencia. La propuesta permitirá explorar fórmulas para facilitar las relaciones sociales y generar lugares donde las personas puedan compartir actividades y experiencias.
Por su parte, Urkabustaiz utilizará actividades culturales como herramienta para fomentar las relaciones sociales en el medio rural, mientras que Berantevilla recurrirá a la recuperación de la memoria colectiva para reforzar la cohesión comunitaria. Compartir recuerdos, experiencias e historias del municipio será el punto de partida para favorecer los encuentros entre vecinos.
En Laguardia, el Ayuntamiento impulsará dos actuaciones dirigidas a mejorar el bienestar y la participación social de las personas mayores. Es el único municipio que figura con dos proyectos en esta primera resolución, aunque la información facilitada por la Diputación no detalla sus nombres ni sus actividades concretas.
Finalmente, Agurain desarrollará un programa para reforzar la prevención y el abordaje comunitario de la soledad no deseada, incorporando esta problemática al trabajo que se desarrolla desde el entorno municipal.
La soledad no deseada también afecta a los pueblos pequeños
La soledad no deseada no depende únicamente de vivir solo, señala la Diputación. Puede afectar a personas que mantienen relaciones familiares o vecinales, pero que sienten que sus vínculos sociales son insuficientes o no responden a sus necesidades. En el medio rural, esta situación puede adquirir características específicas. La dispersión de los núcleos de población, el envejecimiento, las dificultades de movilidad y la distancia hasta determinados servicios pueden reducir las oportunidades de encuentro y participación.
Sin embargo, los pueblos también cuentan con recursos comunitarios que pueden contribuir a prevenir el aislamiento, desde las asociaciones y las actividades culturales hasta las relaciones de proximidad entre vecinos. Precisamente, la estrategia foral pretende aprovechar esas redes y fortalecerlas, evitando que la respuesta a la soledad dependa exclusivamente de intervenciones individuales.
Las ayudas estaban dirigidas a ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes y cuadrillas. La convocatoria contempla actuaciones para personas mayores, jóvenes, niños y niñas, personas migrantes, personas con discapacidad y otros colectivos en situaciones de vulnerabilidad. Por tanto, aunque varias de las iniciativas seleccionadas están orientadas a la población de mayor edad, la estrategia no limita la soledad no deseada a las personas mayores.
De las actividades compartidas a la detección de situaciones de aislamiento
Los proyectos financiados responden a tres ámbitos de actuación establecidos en las bases de la convocatoria: prevención, detección e intervención. La prevención busca fortalecer las relaciones sociales antes de que aparezcan situaciones de aislamiento. En este apartado encajan las actividades culturales, los encuentros intergeneracionales y las propuestas que fomentan el sentimiento de pertenencia a la comunidad.
La detección pretende identificar a personas que puedan estar experimentando soledad no deseada y facilitar que reciban apoyo. Para ello, las bases contemplan la creación de redes comunitarias y mecanismos de seguimiento, con la participación de diferentes agentes locales.
Por último, las intervenciones se dirigen a quienes ya viven la soledad como un problema y necesitan oportunidades de relación, acompañamiento o apoyo social.
Esta organización permite que los municipios planteen soluciones diferentes en función de sus recursos y necesidades, sin imponer un único modelo de intervención para todos los pueblos. Las bases también valoran la coordinación entre instituciones y entidades, el impacto comunitario, la perspectiva de género y la utilización del euskera.
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