Las familias de Bernedo denuncian que el caso se haya convertido en un ‘debate ideológico’ y piden que se escuche a sus hijas

“Hay menores que han tenido que ver cómo se ponían en duda sus vivencias mientras los adultos discutían de todo menos de ellas”, censuran
Familias de Bernedo durante la comparecencia sobre el caso de los udalekus de Sarrea.
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Txus Díez

Periodista y fotógrafo. Fundador de ZUK

30 de junio de 2026 a las 10:20

Un grupo de madres que denunció los presuntos delitos contra la libertad sexual en los udalekus que la asociación Sarrea organizaba en Bernedo ha puesto fin a casi un año de silencio para denunciar que el caso se haya convertido en un “debate político e ideológico” en el que la familias, y en última instancia las menores afectadas, no han sido escuchadas.

 

Un día después de que un juzgado de Gasteiz haya levantado cautelarmente la prohibición administrativa a Sarrea de organizar estas colonias, y con el procedimiento penal estancado -hay acusaciones de exhibicionismo, vejaciones, coacciones, provocación sexual, conductas contra la integridad moral y una agresión sexual-, las familias han decidido pronunciarse públicamente. “Llevamos diez meses calladas. Diez meses escuchando cómo otras personas hablan por nosotras. Diez meses oyendo versiones que no reconocemos, opiniones de gente que no sabe lo que pasó y afirmaciones que no encajan con lo que vivimos. Mientras tanto, nosotras hemos estado en silencio. No porque no tuviéramos nada que decir, sino porque confiábamos en que las instituciones y las personas responsables harían lo que les correspondía: escucharnos”.

 

Las familias afirman que, antes de que el caso saltara a los medios y de interponer las denuncias que luego se traspapelaron en el juzgado, siguieron los cauces establecidos para abordar la situación. Se presentó una reclamación ante Sarrea, “y la respuesta que recibimos nos decepcionó profundamente”. Recurrieron entonces a la Diputación Foral de Álava, al Gobierno Vasco, a Gazteria, a Emakunde y al Ararteko. “Pedimos que nos escucharan, que investigaran y que analizaran unas situaciones que nos preocupaban”, señalan.

 

“Escuchar a nuestras hijas”

Una vez el caso saltó a los medios, el pasado verano, “la única institución que nos recibió y nos escuchó fue la Diputación Foral de Álava, y queremos agradecer esa disposición. Queremos agradecer que nos recibiera, nos escuchara y nos acompañara con respeto desde ese momento”, explican. Lamentan, en todo caso, que no fuera hasta entonces cuando se les empezó a tener en cuenta, y denuncian, sobre todo, que se haya puesto en tela de juicio los testimonios de sus hijas e hijos. “Todo esto pudo haber sido muy diferente. Bastaba con que, al recibir nuestras reclamaciones, alguien hubiera decidido sentarse con nosotras. Escucharnos. Escuchar a nuestras hijas. Hacer preguntas. Compartir información. Explicarnos qué medidas se iban a tomar. Reflexionar sobre lo ocurrido. En lugar de eso, nos encontramos con demasiadas puertas cerradas”, aseguran.

 

“La única institución que nos recibió y nos escuchó fue la Diputación Foral de Álava. Queremos agradecer que nos recibiera, nos escuchara y nos acompañara con respeto desde ese momento”

 

 

Estas “puertas cerradas” les llevaron a acudir a la vía penal, “porque sentimos que ya no nos quedaba otra”.

 

“Todo el mundo tiene algo que decir, menos quienes lo hemos vivido”

Sin embargo, lejos de encauzarse la situación para proteger a los menores, estas madres, que se declaran “vascas, feministas y abertzales”, han visto cómo “el foco se ha ido a otro lado. Lo que empezó siendo una preocupación por unas menores ha terminado convertido en un debate político e ideológico en el que parece que todo el mundo tiene algo que decir, menos quienes lo hemos vivido. Se ha hablado de transfeminismo, de cultura, de ideologías y de intereses políticos. Nos han metido en bandos que nunca hemos elegido. Como si hubiera que escoger entre proteger un proyecto o escuchar a unas niñas. Como si contar unas vivencias significara atacar ideas o colectivos”.

 

«Nos han metido en bandos que nunca hemos elegido. Como si hubiera que escoger entre proteger un proyecto o escuchar a unas niñas”

 

 

“Nosotras no hemos denunciado una ideología”

Las familias rechazan que la experiencia de sus hijas se utilice “para atacar a nadie, ni a ningún movimiento, ni a ningún proyecto político o social”, y que “ese argumento se utilice para desviar la atención de lo verdaderamente importante: Nosotras no hemos denunciado una ideología. Hemos denunciado unos hechos y hemos pedido que se escuchara a nuestras hijas”.

 

El silencio de estos meses, declaran, “fue una forma de protegerlas” y no “conformidad”. Aseguran que durante diez meses han tenido que escuchar “cómo se construían relatos parciales sobre lo ocurrido sin contar con quienes lo vivimos. Ha sido un ejercicio de contención muy duro. Hoy hablamos porque sentimos que seguir calladas ya no protege a nuestras hijas; al contrario, contribuye a que sus voces sigan quedando en un segundo plano”.

 

Las familias aclaran que respetan el procedimiento judicial en curso, pero añaden que deben “explicar por qué hemos permanecido en silencio durante tanto tiempo y por qué hoy sentimos la necesidad de alzar la voz”. La razón es que “detrás de todo este ruido hay personas. Hay familias. Hay menores que han tenido que ver cómo se ponían en duda sus vivencias mientras los adultos discutían de todo menos de ellas”.

 

«Detrás de todo este ruido hay personas. Hay familias. Hay menores que han tenido que ver cómo se ponían en duda sus vivencias mientras los adultos discutían de todo menos de ellas”.

 

 

El “sufrimiento emocional y psicológico” de los menores

Las madres relatan que “mientras muchas personas han convertido este asunto en un debate político e ideológico, nuestras hijas siguen viviendo las consecuencias. El sufrimiento emocional y psicológico que algunas de ellas están atravesando es real. También lo es el desgaste que estamos viviendo sus familias. Por respeto a su intimidad no daremos más detalles, pero pedimos que nadie olvide que detrás de esta historia hay menores, no argumentos”.

 

«El sufrimiento emocional y psicológico que algunas de ellas están atravesando es real»

 

Reiteran que nunca quisieron formar parte “de una batalla política o ideólogica”, rechazan “más etiquetas” y que se utilice a los menores “para ganar debates que no les pertenecen”, y reclaman que sus hijas sean “escuchadas y protegidas”, que “se reconozca que hubo cosas que se hicieron mal, que se asuman las responsabilidades que correspondan y que se adopten las medidas necesarias para que ninguna otra familia tenga que pasar por lo mismo”.

 

El precio de apoyar a las víctimas

Termina el comunicado con un agradecimiento “a todas las personas que, durante estos diez meses, nos han acompañado de una forma u otra. A quienes nos han escuchado sin juzgar, a quienes nos han tendido la mano, a quienes han respetado el silencio de nuestras hijas y a quienes, desde la discreción o dando un paso al frente, nos han ayudado a no sentirnos solas”.

 

Destacan, en ese sentido, que “en algunos casos, escuchar nuestra voz o apoyarnos también ha tenido consecuencias personales”, y por ello reiteran su gratitud por el “compromiso y humanidad” a quienes no han “mirado hacia otro lado cuando lo más fácil habría sido hacerlo”.

 

“En algunos casos, escuchar nuestra voz o apoyarnos también ha tenido consecuencias personales”

 

“Mirando atrás, no podemos evitar pensar que todo esto pudo ser diferente. Bastaba con sentarse con nosotras. Escucharnos. Escuchar a nuestras hijas. Tratar de entender qué había ocurrido y actuar en consecuencia. Ojalá esa sea la lección que quede de todo esto. Por nuestras hijas. Y por todas las menores que puedan venir después”, concluye el comunicado.

 

FOTOGRAFÍA: Txus Díez

 

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Txus Díez

Periodista y fotógrafo. Fundador de ZUK

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