Con la llegada del frío, las chimeneas y estufas de leña vuelven a encenderse en muchas viviendas alavesas, especialmente en los pueblos. Después de varios meses sin utilizarlas, conviene comprobar que funcionan correctamente y que el humo puede salir al exterior sin obstáculos. Los Bomberos Forales de Álava han publicado una guía para prevenir incendios domésticos e intoxicaciones relacionadas con estos sistemas de calefacción. Bajo el lema Vive el calor, no los riesgos, el folleto explica cómo mantener los conductos, qué combustible utilizar y qué precauciones adoptar mientras el fuego permanece encendido.
Uno de los peligros principales está dentro de la propia chimenea: los residuos de la combustión se adhieren al tiro y pueden inflamarse. También existen riesgos menos visibles, como la transmisión de calor a vigas y tabiques o la presencia de monóxido de carbono cuando los gases no se evacúan correctamente.
Qué revisar antes de encender la chimenea por primera vez
La primera recomendación de los bomberos es revisar el tiro después de un periodo prolongado sin utilizar la chimenea. Antes del primer encendido hay que asegurarse de que el conducto esté despejado y en condiciones de evacuar el humo. Si existen dudas sobre su estado, es aconsejable recurrir a un profesional, especialmente en instalaciones antiguas o que lleven mucho tiempo sin utilizarse.
La revisión debe prestar atención a los lugares por los que pasa el conducto. Puede alcanzar temperaturas muy elevadas y transmitir el calor a vigas, suelos o tabiques combustibles si el aislamiento es insuficiente. Los Bomberos Forales recomiendan separar o aislar correctamente las partes calientes con materiales adecuados. Cualquier sospecha de contacto peligroso con estructuras de madera requiere una comprobación especializada antes de usar la instalación.
Cómo limpiar el tiro y evitar que se acumule creosota
La combustión de la leña produce creosota, una sustancia que se deposita en las paredes interiores del conducto. Su acumulación es peligrosa porque resulta muy inflamable: si prende, puede causar un incendio dentro de la chimenea y favorecer fugas de gases tóxicos.
La guía aconseja procurar una limpieza anual del conducto y realizar una limpieza a fondo con la periodicidad que exija su utilización, que puede ser anual o bienal según el uso. Retirar las cenizas del hogar no equivale a limpiar el tiro: el deshollinado debe alcanzar los depósitos que se adhieren al recorrido de salida del humo.
Debe recurrirse a profesionales especializados y, si se usan productos específicos de limpieza química como mantenimiento periódico, han de utilizarse de acuerdo con sus instrucciones. No sustituyen una limpieza mecánica o inspección cuando la instalación lo necesita.
Qué leña utilizar y qué no debe quemarse
La elección del combustible influye en el funcionamiento de la chimenea y en los residuos que genera. Los Bomberos Forales recomiendan leña seca y poco resinosa, cortada con suficiente antelación; su folleto propone como referencia madera con dos años o más de secado. El tiempo necesario depende, en la práctica, de la especie y de cómo se haya almacenado.
Nunca debe quemarse madera barnizada o lacada. Tampoco debe utilizarse la chimenea para eliminar basura, papeles, restos de comida u otros residuos, ni emplear líquidos inflamables para encender el fuego. Estos productos pueden generar emisiones peligrosas o provocar una combustión brusca.
La ropa y los muebles, a más de un metro de distancia
Los objetos que puedan arder deben estar a más de un metro de la chimenea. Los bomberos desaconsejan colocar ropa a secar cerca de las llamas y recomiendan mantener apartados muebles, textiles y otros materiales combustibles.
Si la chimenea es abierta, conviene contar con una pantalla protectora frente a la salida de chispas o brasas. No debe dejarse desatendida durante la noche ni al salir de casa. También hay que evitar que los menores jueguen cerca de la instalación y disponer de un extintor adecuado y accesible.
Cuándo retirar las cenizas
Aunque ya no se vean llamas, las brasas pueden conservar calor durante bastante tiempo. Por eso, los Bomberos Forales recomiendan retirar las cenizas únicamente cuando estén completamente apagadas. Como precaución adicional, deben depositarse en un recipiente metálico apropiado, lejos de materiales combustibles y nunca en papeleras o bolsas que puedan prender.
Ventilación y monóxido de carbono
Además del fuego, la guía alerta del riesgo de intoxicación por monóxido de carbono. Este gas, incoloro e inodoro, puede acumularse cuando la combustión o la evacuación de humos son deficientes. Los bomberos insisten en mantener una ventilación adecuada y comprobar el correcto funcionamiento del tiro. Como medida adicional, es recomendable instalar detectores de monóxido de carbono aptos para estos sistemas, sin considerarlos un sustituto del mantenimiento. Si aparecen dolor de cabeza, mareos, náuseas o debilidad y se sospecha una exposición, hay que salir al aire libre y solicitar ayuda. Ante cualquier emergencia, llamar al 112.
Qué hacer si se incendia el conducto
Si se sospecha que está ardiendo el interior de la chimenea, sale humo por puntos inusuales o el fuego amenaza otros elementos de la vivienda, la prioridad es alejar a las personas, ponerse a salvo y llamar al 112. No se debe echar agua al tiro para intentar apagar el incendio: el cambio brusco de temperatura puede dañar la instalación. Si hay humo o riesgo de propagación, hay que evacuar y seguir las instrucciones de emergencias.
Descarga la guía oficial de los Bomberos Forales de Álava
La Diputación ha reunido estas recomendaciones en un folleto ilustrado de ocho páginas, disponible en castellano y euskera.
Descargar el folleto «Vive el calor, no los riesgos» (PDF).
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